jueves, 3 de octubre de 2019

Todo por un apretón de manos.

Nadar junto a monstruos marinos cuando el estado de forma lo permite. Lujo.
(Alex Amorós y Dani Rivas, nadador que tengo a mi derecha mirándome en la fotografía, me cedió el puesto al haber nadado a mis pies durante toda la prueba. Sólo atacó el puesto en los metros finales y aún y así tuvo ese detalle. Deportividad 100%).

Es muy temprano y la arena de la playa está húmeda y helada. No tengo sueño porque he descansado muy bien y eso me gusta y relaja. No tengo nervios, respiro tranquilo mientras me hidrato. Tengo algo de dolor muscular en los hombros al haber trabajado bien los días anteriores. En mi, este es un factor más por activación durante los días previos que por cansancio. Tengo confianza. He entrenado bien. Subo al barco y me siento y miro al resto de nadadores. Se les ve muy en forma y morenos. Tienen la marca de las gafas en la cara, hecho que prueba las horas de entreno bajo el Sol. Sigo sin ponerme nervioso. Miro hacia la Mar. Está rizada, con borreguitos, hace viento. Me gusta la sensación salvaje de nadar esas aguas. Para eso lo hago. Por eso cambié la piscina por la Mar. Salto al agua y está fría. Está lo suficientemente fría como para decir en alto "la madre que me parió". Me dirijo a las boyas de salida y nadie se pone delante de mi, por lo que yo me pongo detrás de ellos. Dan la salida. No puedo dar brazadas largas porque la Mar rizada me lo impide. Aumento cadencia de brazada y noto que avanzo. Me pongo delante de ellos. Mis piernas me ayudan. Noto mi espalda fuera del agua. Respiro muy fuerte tratando de evitar el oleaje. Me noto bien. Avanzo bien. No tengo sed y tampoco hambre. Tengo ganas de nadar fuerte sobre esa mar rizada. No se ve el fondo. Es muy profundo. No tengo nadadores inmediatamente delante pero sé que hay alguno más allá. No tengo nadadores a los lados, pero sé que hay alguno detrás. Sonrío. Me siento afortunado por nadar en esas circunstancias. Hacerlo únicamente con la ayuda de mis músculos y volver a tierra desde tan lejos. Alguien me toca los pies y subo el ritmo dos puntos. Hoy es fácil hacerlo. Ojalá siempre fuera así. Me siento bien y tengo ganas de nadar. Doy alcance a un nadador. Le indico mi posición tocándole el muslo derecho. Se coloca a mi lado y me mira y le miro. Sabemos que seremos compañeros hasta el final. Aparece otro nadador a mi lado y lo mismo. No hablamos, sólo miramos mientras tratamos de respirar y remar con fuerza. Nos entendemos a pesar de todo. Es magia, instinto, experiencia. Es bonito. Formamos un tren. Hacemos relevos. Tratamos de guiarnos en esa Mar hostil. En ocasiones el punto de referencia aparece en el horizonte. Nadamos fuerte hacia allí. Nos creemos lo que hacemos. Disfrutamos nadando fuerte hasta cruzar el arco de meta. Llega el momento en que comienza a distinguirse el fondo marino. Se intuye la arena. Se ve la arena. Nos acercamos a la playa y atacamos la parte final. Lo damos todo creyéndonos lo que hacemos, como si poder comer dependiera de ese sprint final. Todo por una copa, una palmada en la espalda o un apretón de manos. Quizás una foto en redes sociales colgada por la organización. Por nada más. Así es el deporte amateur. Pero lo hacemos. Veo mis brazos remar debajo de mi. Pienso en la técnica. La Mar está plato y lo permite. Ahora la Mar me permite nadar bien. Ella manda. Pienso en la técnica de nado de 50 y 100 libre y saco los hombros y espalda fuera del agua en la parte final. Me arden los músculos. Tengo sensación de rampa en los gemelos. Sigo apretando el ritmo. Sigo aumentando cadencia de patada. De brazos no puedo aumentar más. Respiro cada más brazadas pero más fuerte. Busco la estela del nadador en cabeza. Qué más puedo hacer?. No llego a alcanzar al nadador que me ha ganado tres metros pero sigo intentándolo. Sigo. Llegamos a la arena. Nos abrazamos agradecidos. Nos felicitamos con la voz entre cortada por la respiración. Esas personas han provocado mi esfuerzo y les debo un agradecimiento. Dos de los tres tenemos copa y palmada en la espalda y apretón de manos y foto en redes sociales. También una toalla y mochila. Gracias por venir. Gracias por leerme. 

Jep.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola nadador! Res material del que et donen quan fas un esforç esportiu es pot comparar amb la satisfacció i el procés d’haver-ho aconseguit. I això es nota en el teu relat, pel fet que descrius tot el procés al detall. Res com compartir amb gent aquest tipus d’events, res com el que es viu i es respira… M’agrada quan afegeixes això de “una toalla y mochila” que contrasta tant i tant amb allò que realment has guanyat.

Gràcies a tu per escriure.

P.D. "la Mar", majúscula i femení, m'encanta.

jep gambardella dijo...

Moltes gràcies pel teu comentari. A vegades un es planteja si val la pena tant d'esforç, perquè no es tracta només del dia que descric en aquest escrit, sinó de totes les setmanes prèvies que succeeixen en la foscor i soledat (quan no entreno amb l'equip) de la piscina. Pensaments que apareixen després de 32 anys nedant. Potser. Gràcies de nou.

jep gambardella dijo...

Misma respuesta en castellano:

Muchas gracias por tu comentario. A veces uno se plantea si merece la pena tanto esfuerzo, porque no se trata sólo del día que describo en este escrito, sino de todas las semanas previas que suceden en la oscuridad y soledad (cuando no entreno con el equipo) de la piscina. Pensamientos que aparecen tras 32 años nadando. Quizás. Gracias de nuevo.

Anónimo dijo...

Hola! Gracias a ti por transmitir tan bien esas sensaciones que han hecho que por un momento me sintiera yo también en el agua. Me ha hecho recordar cuando corría y todo lo que se me pasaba por la mente durante las carreras. El deporte siempre deja un buen sabor de boca. Quería saber como estabas. Soy Irene. Un abrazo

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