jueves, 26 de enero de 2017

Lo que no controlo.

Cuando las cosas aparecen sin querer, nada puedo hacer. 

Como máximo, me ocupo de lo que puedo controlar y del resto, casi, por aprendizaje forzado, he aprendido a dejarlo marchar. 

Sin drama. 

No drama. 

Cero.

He aprendido a dejarlo marchar agradeciendo todo el tiempo vivido y todo lo positivo que se puede sacar de personas y situaciones. 

Es lo único que puedo controlar y de ello me ocupo. 

De mi. 

De lo que ocurre en mi interior y de las energías que se liberan cuando afronto las diferentes situaciones. 

Las personas cambian y lo acepto.

Lo mismo pasa con las situaciones.

Punto. 

No queda otra opción que aceptar la nueva situación y repararse si es que algo se ha roto. 

Seguir.

Todo en positivo, el lado bueno de las cosas. 

No te preocupes, ocúpate, pero de lo que puedas. 

sábado, 14 de enero de 2017

He aprendido, inesperadamente, sobre el lado bueno de las cosas.



2016 ha sido un año de muchos cambios. Soy un tipo sensible, para qué engañarme, quizás por ello, ahora, a mediados de enero del 2017, después de una serie de vivencias, decida escribir sobre este año que hemos dejado atrás. También sobre ahora. 

Con los años, uno aprende más por la fuerza que por ganas de hacerlo, es un hecho y así se acepta, aunque se aprenda de un sólo trago. He aprendido a pensar en el pasado y agradecer cada momento vivido, sentirme afortunado por haber compartido vivencias que siempre se guardarán en el recuerdo y, sobre todas las cosas, he aprendido a decir adiós. Una palabra que no me gusta enunciar, tampoco pensar, pero que, por más que no guste, hay que saber utilizar. Así que, ya puesto, de nuevo, digo que adiós. 

2016 ha tenido sucesos que en si debieran quedar en el olvido por la sensación que, irremediablemente, entre otras sensaciones, una pérdida otorga. Nunca había sentido algo así, nunca había perdido a nadie repentinamente, así, de un sólo trago. Produjo en mi una revolución interior sobre algo que ya sentía como parte de mi identidad. Tenía que vivir y, no sólo eso, tenía que sentirme vivo.

No existe mejor homenaje para ti, la VIDA que aquí y ahora vivimos, como tú la vivías.

Irremediablemente tu pérdida ha producido muchos cambios en las personas que te rodeaban y, evidentemente, los han habido en mi. No puedo negar que he sido un tipo pesimista a pesar de tratar siempre de ver el lado bueno de las cosas y, por desgracia, para bien, tu pérdida me ha llevado a ver sólo, únicamente, el lado bueno de las cosas. En ello estoy, sin prisa pero sin pausa, sigo aprendiendo, sigo con ganas de vivir para así regalarte mis pequeños homenajes allá donde vaya. Va por ti Carlos.

Durante este tiempo he conocido personas increíbles y he tenido muchos reencuentros. He aprendido de ellas y, en estos últimos días he aprendido que a veces las cosas no programadas son las mejores. He aprendido que debo hablar sinceramente y también que a veces es mejor no hablar pero sí decir todo con la mirada. He aprendido a exprimir los minutos de un paseo hasta que pasen a ser eternos. He conocido rincones increíbles y he bebido y comido en una mesa rodeada de personas maravillosas. Yo, que soy del Mediterráneo, he surfeado olas en un nuevo océano. He descubierto nueva música que me recuerda a esa persona. He hablado de intimidades y me he conmovido al ver la emoción en los ojos de quien me miraba y me explicaba mientras abría su corazón. He asumido que las personas pueden ser una bonita he inesperada sorpresa pese a que, tiempo atrás, hubiera perdido en parte la esperanza. 

El mundo es un lugar mejor mientras estas personas habiten en él y haré todo lo que esté en mi mano para protegerlas. 

GRACIAS INFINITAS.

Lo que no controlo.

Cuando las cosas aparecen sin querer, nada puedo hacer.  Como máximo, me ocupo de lo que puedo controlar y del resto, casi, por aprendi...