martes, 28 de noviembre de 2017

Parte 2 (5,3km): Travessia Neda el mon illes Medes per la Marató de TV3. Crónica.

- Continua...

Fotografía en la que se observa el recorrido de la primera travesía, bordeando la costa, así como el recorrido desde la platjeta hasta les Medes, bordearlas, y vuelta a "casa". Precioso entorno.

Nunca había visto algo así. Mientras estaba sentado comiendo y bebiendo con mi neopreno puesto, veía centenares de personas mojadas en la cola de una carpa para recoger el dorsal y la bolsa de nadador@. Realmente tenía la certeza de que la travesía se iba a suspender, pero no fue así. El agua caía en tromba y el aparato eléctrico cada vez era más atronador. Les illes Medes habían desaparecido tras una cortina de agua, un diluvio que se nos vino encima y que provocó que vari@s de mis amistades allí presentes, desistieran de nadar, marchando finalmente a nadar en la piscina de su club. 
Hablé con alguien de la organización y me dijeron que no estaban seguros al 100% de poder garantizar la seguridad en la prueba, por lo que dejarían pasar más rato hasta que esa tormenta que teníamos encima, siguiera su ruta y se alejara de nosotr@s. 

De nuevo, como en el barco, decidí que no iba a nadar la travesía. De nuevo, como en el barco, en un radar vieron una ventana de buen tiempo que nos cruzaría en unos minutos y que se mantendría unas horas sobre nosotr@s. Pues anunciaron por megafonía la nueva situación metereológica, dando unos minutos de margen más que suficientes, para prepararnos y lanzarnos a competir. Así que con esas, a trompicones, con más frío que en la comunión de Pingu, me acerqué a la orilla en donde ya se encontraban centenares de nadador@s, en donde el nivel deportivo había subido exponencialmente. Al menos, eso parecía.

Me coloqué en primera línea, sin ganas de comenzar a nadar debido a los cambiantes acontecimientos. Puede que l@s demás percibieran mi desgana. Dieron la salida. Me pasaron nadadores por todas partes. Me dieron golpes. Me pasaron por encima de las piernas. Me empujaron con una mano hacia un lado. Me rociaban la boca de agua salada al acompasar la brazada con mi respiración. Así fue el principio. Los primeros metros de una travesía de 5,3km. Bien.
Lo curioso de este tema, es que a pesar de todo lo descrito, no me lo tomé a malas, incluso puedo decir que me hizo gracia, ya que no entendía como en los primeros metros de una travesía de esta distancia, nadador@s que no eran de clase mundial, llevaran ese ritmo de nado infernal. Equivalía, tranquilamente, a mi ritmo en un 400 libre. Inviable.

Esta situación se unió a que en esta segunda travesía no me encontraba todo lo fino que me habría gustado. Puede que el frío acumulado durante la primera travesía, más el rato de espera bajo la lluvia, etc, provocara en mi musculatura una sensación de entumecimiento que no me permitía nadar cómodo dentro de esa Mar tan brava, cuando, curiosamente, nado mejor en esas condiciones marítimas. 
Así que, visto lo visto, decidí nadar largo con algún cambio de ritmo para cuando comenzara a coger calor, aumentar el ritmo para tratar de compensar este mal comienzo. Lo que viene siendo, "recoger cadáveres". Seguí nadando a mi particular ritmo y enlazó conmigo la que a la postre sería la vencedora en categoría femenina y nadé junto a ella hasta la illa Meda gran, momento en el que, al bordear la isla, la Mar se presentó formalmente, de frente, arisca, movida, con un oleaje roto, ondulado, que ni permitía bracear ni respirar con normalidad. Incluso apareció el Sol y pensé que todo el día era muy raro y cambiante. 

Llegado a ese punto comencé a encontrarme mejor y fue cuando comencé la "recogida de cadáveres". Vari@s nadador@s pagaron el esfuerzo de la primera parte de la travesía y les tocó sufrir en la segunda parte de la prueba, por lo que una vez bordeada la illa Meda gran y llegado al primer avituallamiento, comí un trozo de plátano y me bebí un baso de isotónico. (Siempre, siempre, paro en el último avituallamiento). Noté muy rápido el aporte energético y subí el ritmo otro punto más. Me notaba suelto y con ganas, sensación que se acrecentaba al comenzar a pasar a decenas de nadador@s, l@s de la travesía de 5,3km, y l@s de la travesía de 3,3km, la cual se enlazaba en esa parte del recorrido. 

En el último tramo de prueba, tuve dos compañeros de viaje que, al cazarlos, decidieron subir un punto su ritmo y unirse a mi fiesta. Ambos se dispusieron a mi zaga, uno en cada lado a la altura de mis rodillas y, así, "surfeando" mi estela, ganaron algo de ritmo, algo que temí ya que el tramo final se acercaba y pensaba que me atacarían aprovechando este momento de "descanso" a mi zaga. 
Pero no fue así. Guardé muchos cartuchos al principio y pude gastar otro en un cambio de ritmo para dejar poco a poco a estos dos nadadores y, así, en la entrada a puerto, poder dar caza a dos más que iban unos metros por delante. Uno de ellos se unió a mi, literalmente, a mi derecha. Nos dábamos con las manos y nos veíamos la cara en cada brazada al respirar. De verdad, no es necesario, menos aún peleando por el puesto por el que estábamos peleando. Pero lo hice. Tenía energía para otro par de cambios y conseguí dejar atrás al chico que se unió literalmente a mi. Alcé la cabeza sobre el agua divisando el arco de llegada y también para ver nadar a un par de tíos, así que decidí gastar el último cartucho y llegar a la arena al 100%, pero sin llegar a coger a este par, que llegó justo antes que yo. Bien.

Al pisar la arena no estaba cansado en exceso, sólo subido de vueltas por el ritmo del último tramo. Me hizo pensar en que podría haber sufrido más desde el principio y así haber mejorado mi 20 puesto, pero así son las cosas, y la transición de la primera a la segunda travesía me enfrió en exceso y me costó arrancar en la segunda. Aprendizaje siempre. 
Estuve un rato charlando en la zona de carpas, reencontrando a muchas personas que hacía tiempo no veía. Y así estaba yo, tan plácidamente hablando, cuando, de nuevo, un rayo atronó no muy lejos, divisándose claramente una tormenta que se venía sobre nosotr@s desde la línea de costa. Y más rayos. Con esas cogí mis cosas, y caminito hacia el hotel acompañado por otra nadadora que tuvo la misma idea que yo. Amb@s descalzos, en bañador, diluviándonos encima, caminando por las calles de L´Estartit ante la atónita mirada de la gente "calentitamente" sentada en el interior de cafeterías, bares y terrazas. Inolvidable experiencia. Mucha risa hasta el hotel.

Una vez en el hotel, bajo el agua caliente de la enorme ducha, se escuchaba como la tormenta atronaba con fuerza y comencé a preocuparme mucho por l@s nadador@s que aún quedaban nadando. Cuando me reuní con el resto de grupo, me informaron sobre que había suspendido la parte final de la travesía, y con la ayuda de varias lanchas, comenzaron a sacar nadador@s del agua, ya que la tormenta eléctrica se encontraba justo sobre el trayecto de la travesía. Esa noticia fue triste. Lo fue porque pienso que no se debe llegar al extremo de tener que sacar nadador@s de forma apresurada ante la presencia de una tormenta eléctrica que, a todas luces, se avisó claramente mediante los partes meteorológicos de los días anteriores. Por suerte, como en otras travesías en las que he participado, no pasó nada pudiendo haber pasado debido a las condiciones meteorológicas.

Pd: guardo un gran recuerdo de ese fin de semana. Conversaciones tope guapas al volante con Alba, yendo y viniendo de L´Estartit. Contento por como nadé a pesar de la sensación de la segunda travesía. En resumen, feliz por haberlo vivido y poder contarlo. Seguimos.


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