martes, 28 de noviembre de 2017

Parte 2 (5,3km): Travessia Neda el mon illes Medes per la Marató de TV3. Crónica.

- Continua...

Fotografía en la que se observa el recorrido de la primera travesía, bordeando la costa, así como el recorrido desde la platjeta hasta les Medes, bordearlas, y vuelta a "casa". Precioso entorno.

Nunca había visto algo así. Mientras estaba sentado comiendo y bebiendo con mi neopreno puesto, veía centenares de personas mojadas en la cola de una carpa para recoger el dorsal y la bolsa de nadador@. Realmente tenía la certeza de que la travesía se iba a suspender, pero no fue así. El agua caía en tromba y el aparato eléctrico cada vez era más atronador. Les illes Medes habían desaparecido tras una cortina de agua, un diluvio que se nos vino encima y que provocó que vari@s de mis amistades allí presentes, desistieran de nadar, marchando finalmente a nadar en la piscina de su club. 
Hablé con alguien de la organización y me dijeron que no estaban seguros al 100% de poder garantizar la seguridad en la prueba, por lo que dejarían pasar más rato hasta que esa tormenta que teníamos encima, siguiera su ruta y se alejara de nosotr@s. 

De nuevo, como en el barco, decidí que no iba a nadar la travesía. De nuevo, como en el barco, en un radar vieron una ventana de buen tiempo que nos cruzaría en unos minutos y que se mantendría unas horas sobre nosotr@s. Pues anunciaron por megafonía la nueva situación metereológica, dando unos minutos de margen más que suficientes, para prepararnos y lanzarnos a competir. Así que con esas, a trompicones, con más frío que en la comunión de Pingu, me acerqué a la orilla en donde ya se encontraban centenares de nadador@s, en donde el nivel deportivo había subido exponencialmente. Al menos, eso parecía.

Me coloqué en primera línea, sin ganas de comenzar a nadar debido a los cambiantes acontecimientos. Puede que l@s demás percibieran mi desgana. Dieron la salida. Me pasaron nadadores por todas partes. Me dieron golpes. Me pasaron por encima de las piernas. Me empujaron con una mano hacia un lado. Me rociaban la boca de agua salada al acompasar la brazada con mi respiración. Así fue el principio. Los primeros metros de una travesía de 5,3km. Bien.
Lo curioso de este tema, es que a pesar de todo lo descrito, no me lo tomé a malas, incluso puedo decir que me hizo gracia, ya que no entendía como en los primeros metros de una travesía de esta distancia, nadador@s que no eran de clase mundial, llevaran ese ritmo de nado infernal. Equivalía, tranquilamente, a mi ritmo en un 400 libre. Inviable.

Esta situación se unió a que en esta segunda travesía no me encontraba todo lo fino que me habría gustado. Puede que el frío acumulado durante la primera travesía, más el rato de espera bajo la lluvia, etc, provocara en mi musculatura una sensación de entumecimiento que no me permitía nadar cómodo dentro de esa Mar tan brava, cuando, curiosamente, nado mejor en esas condiciones marítimas. 
Así que, visto lo visto, decidí nadar largo con algún cambio de ritmo para cuando comenzara a coger calor, aumentar el ritmo para tratar de compensar este mal comienzo. Lo que viene siendo, "recoger cadáveres". Seguí nadando a mi particular ritmo y enlazó conmigo la que a la postre sería la vencedora en categoría femenina y nadé junto a ella hasta la illa Meda gran, momento en el que, al bordear la isla, la Mar se presentó formalmente, de frente, arisca, movida, con un oleaje roto, ondulado, que ni permitía bracear ni respirar con normalidad. Incluso apareció el Sol y pensé que todo el día era muy raro y cambiante. 

Llegado a ese punto comencé a encontrarme mejor y fue cuando comencé la "recogida de cadáveres". Vari@s nadador@s pagaron el esfuerzo de la primera parte de la travesía y les tocó sufrir en la segunda parte de la prueba, por lo que una vez bordeada la illa Meda gran y llegado al primer avituallamiento, comí un trozo de plátano y me bebí un baso de isotónico. (Siempre, siempre, paro en el último avituallamiento). Noté muy rápido el aporte energético y subí el ritmo otro punto más. Me notaba suelto y con ganas, sensación que se acrecentaba al comenzar a pasar a decenas de nadador@s, l@s de la travesía de 5,3km, y l@s de la travesía de 3,3km, la cual se enlazaba en esa parte del recorrido. 

En el último tramo de prueba, tuve dos compañeros de viaje que, al cazarlos, decidieron subir un punto su ritmo y unirse a mi fiesta. Ambos se dispusieron a mi zaga, uno en cada lado a la altura de mis rodillas y, así, "surfeando" mi estela, ganaron algo de ritmo, algo que temí ya que el tramo final se acercaba y pensaba que me atacarían aprovechando este momento de "descanso" a mi zaga. 
Pero no fue así. Guardé muchos cartuchos al principio y pude gastar otro en un cambio de ritmo para dejar poco a poco a estos dos nadadores y, así, en la entrada a puerto, poder dar caza a dos más que iban unos metros por delante. Uno de ellos se unió a mi, literalmente, a mi derecha. Nos dábamos con las manos y nos veíamos la cara en cada brazada al respirar. De verdad, no es necesario, menos aún peleando por el puesto por el que estábamos peleando. Pero lo hice. Tenía energía para otro par de cambios y conseguí dejar atrás al chico que se unió literalmente a mi. Alcé la cabeza sobre el agua divisando el arco de llegada y también para ver nadar a un par de tíos, así que decidí gastar el último cartucho y llegar a la arena al 100%, pero sin llegar a coger a este par, que llegó justo antes que yo. Bien.

Al pisar la arena no estaba cansado en exceso, sólo subido de vueltas por el ritmo del último tramo. Me hizo pensar en que podría haber sufrido más desde el principio y así haber mejorado mi 20 puesto, pero así son las cosas, y la transición de la primera a la segunda travesía me enfrió en exceso y me costó arrancar en la segunda. Aprendizaje siempre. 
Estuve un rato charlando en la zona de carpas, reencontrando a muchas personas que hacía tiempo no veía. Y así estaba yo, tan plácidamente hablando, cuando, de nuevo, un rayo atronó no muy lejos, divisándose claramente una tormenta que se venía sobre nosotr@s desde la línea de costa. Y más rayos. Con esas cogí mis cosas, y caminito hacia el hotel acompañado por otra nadadora que tuvo la misma idea que yo. Amb@s descalzos, en bañador, diluviándonos encima, caminando por las calles de L´Estartit ante la atónita mirada de la gente "calentitamente" sentada en el interior de cafeterías, bares y terrazas. Inolvidable experiencia. Mucha risa hasta el hotel.

Una vez en el hotel, bajo el agua caliente de la enorme ducha, se escuchaba como la tormenta atronaba con fuerza y comencé a preocuparme mucho por l@s nadador@s que aún quedaban nadando. Cuando me reuní con el resto de grupo, me informaron sobre que había suspendido la parte final de la travesía, y con la ayuda de varias lanchas, comenzaron a sacar nadador@s del agua, ya que la tormenta eléctrica se encontraba justo sobre el trayecto de la travesía. Esa noticia fue triste. Lo fue porque pienso que no se debe llegar al extremo de tener que sacar nadador@s de forma apresurada ante la presencia de una tormenta eléctrica que, a todas luces, se avisó claramente mediante los partes meteorológicos de los días anteriores. Por suerte, como en otras travesías en las que he participado, no pasó nada pudiendo haber pasado debido a las condiciones meteorológicas.

Pd: guardo un gran recuerdo de ese fin de semana. Conversaciones tope guapas al volante con Alba, yendo y viniendo de L´Estartit. Contento por como nadé a pesar de la sensación de la segunda travesía. En resumen, feliz por haberlo vivido y poder contarlo. Seguimos.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Parte 1 (1,7km): Travessia Neda el mon illes Medes per la Marató de TV3. Crónica.

Hacía mucho tiempo que no tomaba la salida en una travesía. Para ser exactos, que no tomaba la salida de dos travesías el mismo día. La motivación era evidente, principalmente porque el dinero se destina íntegramente a la Marató de Tv3, la cual, este año recauda dinero a fin de paliar e investigar futuras curas sobre las enfermedades infecciosas. Eso en resumen.

Referente a mi y, una vez completada la logística de hotel y material, nos dispusimos a presenciar el briefing de la prueba. A veces pienso que voy para enterarme de algo nuevo y así parecer que me implico en la seguridad del evento y cosas de esas, pero la realidad es que desde el mismo instante en que me siento en la silla y me dispongo a escuchar, ya tengo ganas de irme. Sé que no soy el únic@ que siente esa sensación después de tantos años. 
La cuestión es que para mi sorpresa, en este briefing, sí escuché algo nuevo, ya que según afirmaban, las condiciones meteorológicas y el estado de la Mar, nos brindaría la posibilidad de nadar ambas travesías con total seguridad y disfrute. Lo curioso del momento, es que, mientras escuchaba esto, veía en la pantalla de mi móvil como, exactamente en la franja horaria de celebración de las travesías, nos pasaría lo que viene siendo una tormenta eléctrica. Dibujitos de nubes y rayos y agua. Eso en mi móvil, en los de la organización, no lo sé.

No me considero un entendido en meteorología, así como tampoco sobre las condiciones marítimas. Sólo soy alguien precavido que después de unos cuantos años nadando en aguas abiertas, se preocupa de la evolución del tiempo en la semana previa a la competición del finde. Sin más. Así que, viendo la nefasta previsión en diferentes páginas de meteorología que, a mi entender, son serias, me faltó el canto de un duro para levantar la mano y exponer mi inquietud ante la organización y el público asistente. Pero pasó que mi cabeza tiende a pensar bastante (a veces demasiado) antes de hablar o dar un paso en depende qué situaciones y, una vez analizada la situación, decidí callarme como un putas. No quería sembrar una inquietud general en la presentación de una travesía, atendiendo que en esta edición, muchas de las personas asistentes manifestaron abiertamente que esta sería su primera travesía. Así que confié en la organización y me fui a cenar y me hinché a comer pizza y un par de cervezas. Sin alcohol.

La mañana de las travesía diluviaba. Sin termino medio. Un manto de agua que aparecía a ratos y luego se iba, dejando un en el aire un "chiribiri", un ambiente húmedo y frío. 
Fui el primero de mi grupo en salir del hotel, ya que al haberme aventurado a nadar las dos travesías, tuve que madrugar más y, por ende, nadar más, así que cuando llegué a la zona de carpas en donde recogerían mi bolsa, no había muchas personas más que l@s 90 nadador@s que tomarían parte en la primera travesía de 1,7km. 
Descalzo y "pelao" de frío, me dispuse a correr hacia el barco que nos llevaría en dirección norte, pegados a la roca y dejando la isla Mesa gran a nuestra derecha. Una vez dentro del barco, vi que el nivel competitivo no era elevado y que sería una competición relajada, a excepción de 4 o 5 posibles.
Una vez zarpamos y salimos de las aguas tranquilas que los diques del puerto otorgan, notamos el cambio brusco debido a los balanceos de la embarcación. No sólo eso, ya que puedo asegurar que tengo grabada a fuego en mi mente, la imagen de la isla Meda entre una nube, una manta de agua, sobre un mar agitado con mar de fondo que nos enviaba hacia el barco unas líneas perfectamente paralelas. Me recordó al libro de "La piel fría"; con el faro asomando en su cima y enviando una tenue luz entre ese cielo nuboso y lluvioso. PRECIOSO. Terroríficamente bonito.

La cuestión del tema es la siguiente, muy bonito todo, hasta que el primer rayo hizo acto de presencia con un brutal sonido atronador. Lo vimos, cayó al agua entre la illa Meda y nuestra embarcación. Debo decir que se acelera el pulso y, dentro de esa situación tan insignificantemente humana dentro de una naturaleza superior, se nota lo que es un poquito de miedo, a la vez que se agradece de manera total, estar vivo y poder presenciar tal espectáculo. Se activan todos los sentidos.
La tormenta se endureció tras el primer rayo. Llovía a mares, una manta de agua que hizo desaparecer a la illa Meda gran y que fue acompañada de diversos rayos no tan cercanos, pero sí muy presentes.

Antes esta situación de inseguridad de cara a la travesía, decidieron muy acertadamente retrasar la salida de la competición, buscando una ventana de "calma" en la que poder lanzarnos al agua. Para mi, tarde, ya que no debíamos haber entrado a la Mar. La cuestión es que, mientras debatía la situación con personal de la organización, observé como un chaval de unos 14 años, estiraba y calentaba los músculos ajeno a todo lo que sucedía en la embarcación y en la propia Mar. Me sorprendió mucho esa ignorancia debido a la juventud, sólo pensaba en saltar a competir, y para mi fue una mezcla de gracia y sorpresa. El niño tenía un cuerpo menudo, pero de nadador, totalmente. Sólo con verlo, supe que si saltábamos al agua, el niño sería el ganador.

En el momento en que decidí que no saltaría a nadar, me mostraron en el radar de la embarcación, que se aproximaba una ventana de buen tiempo y que en esa franja se podía nadar con garantías. Así que, nos dieron el aviso y con ganas de acabar con la primera etapa de ese día tan peculiar y un poco relajado por la amplitud de esa ventana de "buen tiempo", salté el primero al agua.
Una vez dentro, hablé con el niño y le pregunté si tenía pensado ganar. Su respuesta fue que lo intentaría, que para eso entrenaba. Yo le dije que vale. 

Nos colocaron en fila frente a más de una veintena de kayacs. L@s kayaquistas estaban empapad@s, al 100%, pero content@s, que de eso se trata. Cantaron una cuenta atrás de 10 segundos y dieron la salida con un bocinazo.

Comencé a nadar al 110%, algo no muy habitual en mi, pero estando bien de forma tal y como habían ido las últimas semanas, así me salió hacerlo. Nadé paralelo al niño un rato hasta que vi que, ni mi ritmo era bueno para mi, ni seguir al niño sería bueno para mi. Así que no siendo nada de lo que estaba haciendo, bueno para mi, aflojé el ritmo, sobre todo al recordar que al terminar esta travesía, bebería un trago largo de lo que tuviera a bien regalarme la organización, me cambiaría el gorro debido a que color del mismo variaba según las diferentes distancias, y volvería a saltar a la Mar para afrontar la segunda de las travesías, la cual constaba de unos respetables 5,3km.

Y así fue, nadé a solas todo el rato el rato. Vi como el niño se iba yendo y asumí que acabaría segundo y listo. Sin más. Mi sorpresa vino cuando al aproximarme a la orilla, después de haber nadado largo sin forzar toda la entrada al puerto, un nadador, de no sé donde salió, entró en diagonal por mi derecha y pisó la arena de la playa antes que yo. Debió adelantarme a unos metros de distancia por la derecha y no lo vi y sigo sin entenderlo pero así fue. Punto. :-) Mi predicción fue acertada, ya que el niño, literalmente, voló sobre el agua. 

Salí a la arena, me tomaron el numero, me felicitaron, me fui corriendo hacia las carpas y observé que a esas horas de la mañana, aquello parecía el centro comercial Anec Blau de Castelldefels, un domingo por la tarde. 
Saludé a un montón de gente conocida, los cuales me informaban que se había retrasado la salida de la segunda travesía, por lo que me dio tiempo a hidratarme mucho más y comer algo sólido durante la espera. 

 - Continuará...


No se aprecia claramente el diluvio que me estaba cayendo encima durante la espera para nadar la segunda travesía del día. Ni los rayos que cayeron después, pero ya no estaba sentado tan tranquilo porque me fui a buscar refugio al escuchar el primer estruendo. :-)

Pd: el neopreno es un AQUAMAN Cell Gold del año 2007. Ahí lo veis, funciona perfecto.



viernes, 5 de mayo de 2017

Travesía vuelta a nado a Formentera Respiralia 2017

He conseguido plaza para la edición de este año. Quiero comenzar resaltando este hecho debido a que las 240 inscripciones se agotaron en 10 minutos. No me extraña.

La cuestión es que se trata de una travesía muy especial. La más especial. En mi caso, desde que nadé en la edición de 2015, mi percepción de nadar en aguas abiertas cambió bastante. 

La travesía Respiralia nace de la mente de Carlos Pons y su fundación, con la intención de paliar y luchar contra los efectos que la Fibrosis quística produce en l@s enfermos que la padecen. Para ello, de entre otros eventos, destaca esta travesía, en la que, nadador@s de todos los niveles, se unen formando equipos para así unir a nado las diferentes etapas. El coste de la inscripción se invierte directamente en el tratamiento médico y de fisioterapia que trata de paliar los malditos efectos sobre estas personas, siendo, a mi juicio, el dinero mejor invertido.

Me encanta llegar a la isla y progresivamente ir encontrándome con nadador@s de otras ediciones, en donde la conversación habitual no es si has entrenado mucho o poco, sino que te preguntan sobre cómo te va y si te encuentras feliz y sano. Otro mundo, de verdad. Así sucede mientras acomodas tus escasas pertenencias en el polideportivo hasta que llega la hora de la presentación en el cine municipal y es allí donde no dejas de saludar gente ni un instante. En la presentación de la travesía, se nos explica cómo funciona la enfermedad, así sobre cómo se aplican los cuidados paliativos. Se nos muestra el vídeo presentación, normas básicas de convivencia y seguridad, y se nos invita a la cena presentación en el centro del pueblo, con música ambiente y mucha conversación rodeado de tant@s amig@s.

Una vez en el agua, se nos diferencia por el color del gorro. Los participantes sin FQ, nadamos con gorro de color rosa. Los participantes que por desgracia padecen FQ, nadan con gorro de color amarillo. Sobre estas personas, mientras se nada, hay que prestar atención y cuidados si fuera necesario, ya que, por su propia enfermedad, no disponen de la misma capacidad pulmonar. Me quito el sombrero por su esfuerzo y procuro nadar junto a ell@s conforme vamos enlazando con los grupos que han salido antes que nosotros. 

Las primeras etapas las nadé con Alberto y Martín. Alberto es un chico de Madrid que padece la enfermedad, pero de una forma poco agresiva, por lo que es capaz de llevar un buen ritmo de nado y para mi es un orgullo y un aprendizaje el hecho de poder compartir brazadas con alguien tan especial. Martín es un arco famoso entrenador (de famosos) afincado en la capital, muy simpático y agradable, del cual aprendí muchas cosas sobre entrenamiento y planteamiento de objetivos. Un grande.
En las siguientes etapas enlacé con un grupo de nadadores algo más competitivos, pero no por ello menos simpáticos, surgiendo de la nada mini competiciones que me sacaron fuera de punto en más de una ocasión, pero con las que me lo pasé en grande, sin desconectar en ningún momento del motivo real de la travesía. (Los kayac nos ponían en nuestro sitio rápidamente)

Y de esa forma transcurren los días en esta maravillosa travesía, hasta que se llega al último y emocionante día, en el que en la playa de Cavall d´en borras, todos los equipos deben haber preparado previamente una coreografía para el deleite del resto de participantes. Una auténtica panzada de reír. Después, por la tarde/noche, tod@s vamos a ver la puesta de Sol y en la última noche somos menos buen@s y salimos hasta las tantas. O más. Qué menos!. 

Así que, dicho esto, os dejo un mini reportaje fotográfico y el vídeo filmado con un dron de la pasada edición.

Nuestra gran habitación. El acogedor polideportivo municipal.
Revista Respiralia acompañado por Martin Giacchetta y Alberto. Un valiente y excelente nadador con FQ.
Siempre con predisposición a saltar al agua pasándolo bien. 
Mi buena amiga Olga Grau. Muestra la cara típica por haber nadado cualquier etapa de esta travesía.
Míticos traslados de una etapa a otra a bordo del Capità Jack.
Míticas coreografías en la playa de Cavall d´en borras. Nuestro equipo en la portada en el diario de Ibiza .
Tod@s orgullos@s con nuestro ejemplar de dicho diario.
Más diario y yo junto a Alberto ansiosos a la izquierda deseando saltar al agua.
Días posteriores a la travesía en plan de playa.
Cicatriz conmemorativa de la edición 2016 a cargo de una roca inesperada.

Aquí el vídeo filmado con un dron:

              

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cicloturismo con una Specialized SEQUOIA en Menorca.

Esperando para entrar al ferry.
Motivado por mi "nueva" compañera, por su estilo y por su carisma, decidí hacer una ruta de una semana en solitario por lugares de la isla que no había visitado. No tuve que preparar mucha logística en cuanto a mi estancia en la isla, ya que al haber vivido allí, conozco buenas personas que me echaron un cable. Simplemente, cargué la bici en el ferry y puse rumbo a la isla. 

Destacar que los ciclistas subimos a bordo del ferry por el mismo lugar por el cual lo hacen el resto de vehículos y, una vez dentro de la embarcación, agrupan las bicicletas en un cuarto de herramientas. Tal cual. No tienen lugares habilitados para una correcta colocación de nuestras monturas y aquello que lo pasas mal imaginando que en un golpe de mar las bicis se amontonan unas encima de las otras.  Pero bueno, el precio por el transporte de la bicicleta es cero. Gratis. Quejarse quizás es hasta demasiado en esta circunstancia. Pero no deja de ser curioso encontrarte en una fila llena de coches y alguna moto y pasando camiones articulados de cuarenta toneladas "cerca" de ti y de tu modo de transporte.

Después de haber dormido casi toda la noche tirado como un muñeco en un sofá largo, llegué a la isla. Siempre tan pequeña y a su vez tan majestuosa. Indudablemente atrapa y no lo puedo evitar. Tampoco quiero dejar de evitarlo. La cuestión es que una vez puse los pies en la isla, sólo quería reponer fuerzas en el bar "Casa Gil", llegar a casa de Katie para ordenar lo necesario para los próximos días y comenzar a dar pedales. Hasta agotarme.

Los días transcurrían con rutas que iban desde las 5h hasta las 9h, comenzando de buena mañana para, una vez entrada la tarde/noche, volver a casa y así poder ver a mis amistades para compartir experiencias y ponernos al día después de un tiempo sin vernos. 

Hacía tiempo que no sentía una sensación de libertad parecida. Casi sin más horario que cumplir que  el del inquebrantable Sol y sus horas de luz. Varios días lo desafié y tuve que utilizar mi foco delantero y luces traseras. Días que no quería que acabaran y que cada una de estas fotos me recuerda. A lo grande.

Así que, atendiendo a las sensaciones que este viaje me ha aportado, abriré hueco en mi agenda para cuadrar viajes cicloturistas con mis travesías. Me parece un gran plan.

Menorca nos recibió con un majestuoso amanecer.
Favàritx, siempre hipnótico.
Ses salines d´Addaia.
Camí de cavalls.
Rincón en Punta Prima.
Més Camí de cavalls.
Puesta de Sol en la Torre de Fornells.
Més Camí de cavalls. Silencio total.
Primer baño a pelo de la temporada.
Saludos!.



jueves, 26 de enero de 2017

Lo que no controlo.

Cuando las cosas aparecen sin querer, nada puedo hacer. 

Como máximo, me ocupo de lo que puedo controlar y del resto, casi, por aprendizaje forzado, he aprendido a dejarlo marchar. 

Sin drama. 

No drama. 

Cero.

He aprendido a dejarlo marchar agradeciendo todo el tiempo vivido y todo lo positivo que se puede sacar de personas y situaciones. 

Es lo único que puedo controlar y de ello me ocupo. 

De mi. 

De lo que ocurre en mi interior y de las energías que se liberan cuando afronto las diferentes situaciones. 

Las personas cambian y lo acepto.

Lo mismo pasa con las situaciones.

Punto. 

No queda otra opción que aceptar la nueva situación y repararse si es que algo se ha roto. 

Seguir.

Todo en positivo, el lado bueno de las cosas. 

No te preocupes, ocúpate, pero de lo que puedas. 

sábado, 14 de enero de 2017

He aprendido, inesperadamente, sobre el lado bueno de las cosas.



2016 ha sido un año de muchos cambios. Soy un tipo sensible, para qué engañarme, quizás por ello, ahora, a mediados de enero del 2017, después de una serie de vivencias, decida escribir sobre este año que hemos dejado atrás. También sobre ahora. 

Con los años, uno aprende más por la fuerza que por ganas de hacerlo, es un hecho y así se acepta, aunque se aprenda de un sólo trago. He aprendido a pensar en el pasado y agradecer cada momento vivido, sentirme afortunado por haber compartido vivencias que siempre se guardarán en el recuerdo y, sobre todas las cosas, he aprendido a decir adiós. Una palabra que no me gusta enunciar, tampoco pensar, pero que, por más que no guste, hay que saber utilizar. Así que, ya puesto, de nuevo, digo que adiós. 

2016 ha tenido sucesos que en si debieran quedar en el olvido por la sensación que, irremediablemente, entre otras sensaciones, una pérdida otorga. Nunca había sentido algo así, nunca había perdido a nadie repentinamente, así, de un sólo trago. Produjo en mi una revolución interior sobre algo que ya sentía como parte de mi identidad. Tenía que vivir y, no sólo eso, tenía que sentirme vivo.

No existe mejor homenaje para ti, la VIDA que aquí y ahora vivimos, como tú la vivías.

Irremediablemente tu pérdida ha producido muchos cambios en las personas que te rodeaban y, evidentemente, los han habido en mi. No puedo negar que he sido un tipo pesimista a pesar de tratar siempre de ver el lado bueno de las cosas y, por desgracia, para bien, tu pérdida me ha llevado a ver sólo, únicamente, el lado bueno de las cosas. En ello estoy, sin prisa pero sin pausa, sigo aprendiendo, sigo con ganas de vivir para así regalarte mis pequeños homenajes allá donde vaya. Va por ti Carlos.

Durante este tiempo he conocido personas increíbles y he tenido muchos reencuentros. He aprendido de ellas y, en estos últimos días he aprendido que a veces las cosas no programadas son las mejores. He aprendido que debo hablar sinceramente y también que a veces es mejor no hablar pero sí decir todo con la mirada. He aprendido a exprimir los minutos de un paseo hasta que pasen a ser eternos. He conocido rincones increíbles y he bebido y comido en una mesa rodeada de personas maravillosas. Yo, que soy del Mediterráneo, he surfeado olas en un nuevo océano. He descubierto nueva música que me recuerda a esa persona. He hablado de intimidades y me he conmovido al ver la emoción en los ojos de quien me miraba y me explicaba mientras abría su corazón. He asumido que las personas pueden ser una bonita he inesperada sorpresa pese a que, tiempo atrás, hubiera perdido en parte la esperanza. 

El mundo es un lugar mejor mientras estas personas habiten en él y haré todo lo que esté en mi mano para protegerlas. 

GRACIAS INFINITAS.

Parte 2 (5,3km): Travessia Neda el mon illes Medes per la Marató de TV3. Crónica.

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