domingo, 27 de noviembre de 2016

Vivir sin redes sociales. Facebook, instagram.




Hace ahora unos meses que decidí eliminar definitivamente mis redes sociales. Eliminé definitivamente Facebook, que no es lo mismo que desactivar la cuenta. Eliminé todas mis fotografías (previamente las guardé) y eliminé mi cuenta de instagram. 

Antes de hacerlo, lo compartí con mis amistades y conocidos, expresándoles mi voluntad y la motivación que me llevó a dicha "desconexión". La respuesta generalizada fue de sorpresa en negativo, es decir, plantearon mi decisión como si se tratase de un calentón aludiendo a que sería un acto pasajero. Decían que en un periodo corto de tiempo volvería, no entendiendo mi decisión de, simplemente, irme de las redes sociales.

Las conversaciones que mantuve reafirmaron mi decisión, ya que la reacción de muchas personas de mi entorno fue de negación al no poder plantear un presente sin formar parte de las diferentes redes sociales. Me di cuenta de lo muy adentro que se encuentran dentro de la sociedad, de la capacidad de calado en el ser humano que han tenido en este corto periodo de tiempo. A mi juicio, han calado perfectamente al instalarse dentro de las carencias personales e incluso afectivas que muchas personas padecen. Con esto no quiero decir que tod@s estemos carentes de dichos sentimientos, pero, en los tiempos que corren, en los que todo proceso se ha acelerado, las redes sociales cumplen perfectamente la función de crear amistades avatar, es decir, personas a las que no nos une ningún vínculo afectivo, pero sobre las cuales llegamos a tener una dependencia, creamos un referente inconscientemente, el cual nos lleva a, también, inconscientemente, tratar de reforzar nuestra autoestima y nuestras posibilidades de hacer las diferentes acciones que nos unen a esas amistades avatar. 

Debo decir que en este periodo de "desconexión", me siento más relajado. Sí, así es. Entono el mea culpa entonces ya que fui un usuario activo de Facebook, llegando a tener casi mil setecientos contactos, la mayoría de los cuales, por viajes, competiciones, etc, llegué a tener un contacto personal, sin más. Como anécdota, decir que dos días antes de cerrar la cuenta, publiqué en mi muro un texto en el que detallé la fecha en la que la eliminaría definitivamente, detallando que, quien quisiera, se pusiera en contacto conmigo a través de mensaje privado para así intercambiar números de teléfono o email para seguir en contacto de esa manera. Bien, como he dicho antes, tenía casi mil setecientos contactos. La publicación en mi muro tuvo más de cien me gusta y decenas de comentarios. Sólo cuatro personas me enviaron su número de teléfono. 

Me enviaron mensajes interesándose por mi estado anímico a pesar de haber escrito que me encontraba perfectamente bien. Me causaba risa ese interés hacia mi posible depresión. Simplemente me fui de una red social, nada más. Cero más.

Back to the essential. Es una frase que me dijo una buena amiga en respuesta a mi comentario sobre cerrar mis cuentas y me parece el comentario más acertado. Decidí bajarme de un tren que, a mi juicio y gusto, viaja demasiado rápido. Todo lo que acontece tiene una fecha de caducidad exageradamente corta, sobre información, súper información, súper egolatría. 

Más despacio, por favor. 

En el fondo me sabe mal haber "acabado" con esta sensación hacia las diferentes redes, ya que como tantas otras cosas en la vida, me han aportado cosas buenas y me ha mantenido en contacto con personas lejanas geográficamente y por ello se lo agradezco. Será que me estoy haciendo mayor aunque me note más en forma que cuando tenía veinte años. Pero sí es cierto que desde hace un tiempo valoro más mi tiempo, lo gestiono de otra manera y me preocupa mucho menos lo que hagan los demás. Mis personas favoritas están aquí y ahora y, las que están lejos, me llaman habitualmente, procuran quedar conmigo y se interesan por mi vida y yo por las de ell@s. Solemos hablar, solemos tomar café o cervezas, dependiendo de las horas que sean. Todo fluido, todo hablado. Es cierto que conozco a miles de personas, pero, dejo que las situaciones fluyan con naturalidad, sin forzar tener que saber de, sin forzar saber nada más que lo realmente interesante, no quiero saber nada más que lo esencial. Con esto, consigo vivir más tranquilo y, creedme, se vive más tranquilo sin redes sociales. 

Vivo más tranquilo, lo suficiente como para después de mucho tiempo, volver a dedicar un rato a este blog que tantos buenos momentos me ha aportado. Retomaré la escritura en él.

Cuidaros y ser felices.


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