martes, 8 de mayo de 2012

Tuna Race. Impresiones y crítica. (Constructiva)


"En el mundo de la natación en aguas abiertas, a mi juicio, o por puro respeto por los demás nadador@s, hay normas que no están escritas que deben cumplirse". 

Trataré de ser lo más crítico de la forma más justa posible. 

Esta travesía constaba en nadar desde las piscifactorías situadas a unos cinco kilómetros de la costa, hasta la misma costa. Para ello, nos trasladaron en catamarán hasta ellas, y una vez allí, podíamos lanzarnos dentro de las jaulas repletas de atunes rojos. Daba algo de impresión, pues atunes, los había realmente grandes. Una vez "calentado" dentro de la jaula, se salía a Mar abierto y nos aproximamos a la salida justo detrás de una cinta que unieron entre dos zodiac. Delante de mi el gran Kiko Hervás, justo a mi lado Teresa Planas y Elisabet Arribas. Fue entonces cuando vi claro el ritmo que iba a llevar, pues hasta entonces no me había situado en carrera. Se dio la salida y la espuma y los golpes duraron un instante, nada más. 

La travesía fue tan espectacular como peligrosa, y explicaré por qué. 

La Mar presentaba un estado de viento y oleaje en contra. Olas discontinuas y rotas acompañadas de espuma blanca. Una montaña rusa incesante, perpetua. Era casi imposible aplicar la técnica de natación tantas horas entrenada en piscina. Ante esta situación, no había otro remedio que aumentar la cadencia de brazada, y no dejar de estar atento a la próxima serie de olas, ya que sin remedio, estas te arroyaban y debías de atravesar su pared como si en la orilla te encontraras y saltaras de cabeza dentro. A su vez, debías obligadamente o constantemente tener fija aquella referencia que se encontraba en forma de montaña unos cuantos kilómetros más allá. Era muy difícil nadar y orientarse. Era difícil avanzar. Mientras nadaba pensaba en las personas que no estuvieran acostumbradas a situaciones así, y no hablo de la fortaleza física, hablo de la solidez mental que requiere encontrarse en una situación como esa. Un medio acuático que se mostraba hostil, sin NINGUNA referencia cercana, pues si alguien vio una boya de las que nos hablaron en el briefing, que me lo diga y yo rectifico. Tampoco vi ni un kayac en ningún momento de mi travesía. 

Quizás muy vinculado al mundo de Salvamento Marítimo, de forma obligada debo decir que la seguridad en unas condiciones así, debería de haber sido mucho más notoria, más evidente, más visible. También, cabe decir que cuando un grupo de tres nadadores se para un instante para situarse, y uno de ellos grita: "¡¡pero para donde estamos yendo!!", es que pienso y creo, firmemente, que algo falla. Independientemente del trato recibido por los organizadores, el cual fue cuanto menos excepcional, esto que he relatado con la mejor de las intenciones, debería de examinarse en próximas ediciones. Por suerte tod@s los que tomamos la salida llegamos a costa, o nadando o en zodiac, pero en la inmensidad de Mar que suponen cinco kilómetros en línea recta, no quiero pensar en cualquier tipo de asistencia que requiriera una búsqueda y asistencia rápida al/la nadad@r. Recuerdo la copa del mundo del año 2009 en Abudhabi, donde Fran Crippen, excelente nadador americano, falleció por un golpe de calor y pese a la tremenda organización, tanto de seguimiento en el agua, como exterior, tan sólo se dieron cuenta en la llegada de que él no había llegado. Los buzos lo encontraron dos horas después sin vida.

Con esto, sólo pretendo dar un toque de atención, pues toda la ilusión que organizador@s y nadador@s ponemos en estos eventos, se merecen una seguridad acorde. No es fácil, pero es necesario y lo merece, pues nadie puede negar que las travesías en Mar abierto son algo peligroso y de gran responsabilidad.

Por otro lado, puedo decir que mi travesía fue redonda, independientemente de los momentos en los que dando cuatro brazadas de braza, me dije: "¿donde están las boyas?", (no vi ninguna, repito) mi ritmo de nado fue mejor de lo esperado, iba cómodo. Fueron escasos los momentos de incertidumbre los que viví cuando rodeábamos las piscifactorias y, en los que por error mío, creo, me desvié bastante de la trayectoria del grupo de cabeza llevándome conmigo a Elisabet. Una vez retomado el rumbo me dio la impresión de no haber perdido ningún puesto, y, en todo caso, creo que gané bastantes. Así que una vez encarada la costa y difícilmente visualizado el punto de referencia, subí dos puntos el ritmo de nado, pues tengo la fortuna o la práctica de manejarme bien con aguas "estúpidas". Me llevé conmigo a dos nadadores, uno a pies más de cuatro kilómetros, y el otro a mi lado. Al primero de ellos va dirigida la norma no escrita que describo al inicio de la entrada, pues no es justo que después de haber tenido durante la travesía un "gps gratuito", (mis pies) un "rompe olas gratuito", (mi cuerpo) a escasos metros del arco de llegada, y descansado por el esfuerzo ahorrado al ir a pies, "meta un palo" y deje atrás a quien más cansado por el esfuerzo, le ha llevado gratuitamente, a pies, toda una travesía. Puede ser legítimo, pero no es ético. Para nada lo es.

Llegado el último tramo de travesía, el contraste de la Mar era brutal, pues se tornó un plato casi en el último kilómetro. En ese último tramo apreté otro punto el ritmo, nadaba con la energía que el último cartucho me permitía, viendo como irremediablemente, "el del palo", se marchaba sin poder acercarme.  Pese a todo, podía nadar largo con codo alto y patada amplia. Ahí me di cuenta también que el otro nadador no iba a disputar el puesto, se limitó a nadar a mi lado un poco por detrás, por lo que he de agradecerle la compañía durante la travesía, y así lo hicimos al llegar a meta, fundiéndonos en un abrazo al traspasar la línea. Anotar que llegamos cuatro nadadores en el transcurso de cuatro segundos. 

Para finalizar, decir que estoy muy contento con mi resultado, mucho. Ha sido una buena experiencia, y una gran lección de humildad la que nos dio la Mar ese día. Respeto máximo siempre hacia ella.

Pd: siento si he sido demasiado crítico, o directo. Todo lo escrito es con la máxima intención de construir, y yo seré el primero en nadar en su próxima edición, pero me parece justo y necesario enumerar mejoras en este caso concreto para próximas ediciones. 

"En cuanto a seguridad en la Mar, mucha es poca, y poca es nada".