miércoles, 26 de octubre de 2011

Pensar demasiado es nuestra mejor y nuestra peor cualidad.


Ahora que percibo de forma evidente que las horas de Sol son menos, y que dentro de ese menor horario llueve y es más gris, y pese a que me gusten mucho los cambios estacionales, acaban provocando en mi esos estados letárgicos en los que no se sabe cómo ni por qué, (al menos, yo, no sé ni cómo ni por qué) la energía parece pasar al olvido. Ayer nadé en piscina después de casi tres semanas. Nadé unos mil metros, tranquilo, parando en el muro para ponerme bien el gorro de silicona que tanto se sale de mi cabeza por tener el pelo largo. El gorro de tela, ese tan cómodo y tan poco vistoso, no sé ni cómo ni cuando lo perdí.

Parecía no haber nadado desde hacía meses, se me hicieron eternos esos mil metros, ni me sentía motivado, ni en parte contento por lo que estaba haciendo. Pienso a veces que como un perro, (a los cuales amo) necesito mi recompensa al final de un esfuerzo, si no, no merece la pena que lo haga y se me van las ganas o la motivación para hacerlo. Más aún si se nada en piscina, con cloro, de pared a pared. Cual hámster.

Es ahora, de verdad, pese a seguir entrando en el Mar con la tabla de surf, cuando se echa tanto de menos, de esta manera tan intensa, esos ratos de Sol, y amistad, y risas, y música, y confidencias. En ses Pitiüses.

Estando así, pensar demasiado es nuestra mejor y nuestra peor cualidad.

Yo que soy de sangre muy mediterránea, y dejo volar la mente muchas horas por donde no debería estar más de un minuto en la locura. Sin hacer nada productivo, o si, dependiendo de como se mire, pues hay quien al ser preguntado por su oficio, responde SER FELIZ. Únicamente tratando de esquivar el estado letárgico que me cambia el humor, este que hace unos pocos años atrás comenzó a cambiar, como en todo, a mejor para unas cosas, a peor para las otras. Causa efecto de la vida que vas encontrando y que vas navegando con la maña de una persona normal que trata de hacer las cosas bien. Sin más.

Así que llegado este punto, toca decidir a quien de nuevo guíe esta aventura deportiva/laboral que se divide en dos grupos, relacionados con el agua, (le llaman "cansalmas") y con el aire.

Empecinarse en algo tampoco es bueno. Muchas cosas he aprendido en esta temporada, muchas técnicas, muchas personales. Prioridades tales como nadar sin neopreno suponen un handicap algo importante que hay que superar o asimilar, pues o superas a tus competidores a lomos de sus neoprenos, o asimilas que de tan complicado que es, se hace imposible lograrlo dependiendo de las condiciones de algo tan superior, como eso a lo que llamamos madre naturaleza. También, algo tan simple o complejo, (al nadar sin) como el mayor consumo de energía puede dar un susto. Puede hacer que en plena prueba comiences a pedir la hora. De entre otras vivencias en mis pruebas, he aprendido eso, necesito avituallar más. Mi consumo de energía, ya de por si, es algo elevado en reposo, y esa situación he vivido varias veces en alta Mar. Debatirse entre parar y comer y beber, con el coste importantísimo de perder al grupo y al kayac que nos acompaña y nos guía. O, por contra, seguir nadando sin comer ni beber, haciendo cuentas de la vieja y tratar de dosificar esa energía de reserva que crees tener, y la cual al agotarse, produce un efecto al que yo llamo "Miolastán". Visto con un ejemplo, imaginaos nadando con un largo abrigo de pana. Ese ejemplo me vale.

Trabajaremos todos los detalles con ganas de hacerlo bien. Sin más.


Cuidaros y ser felices.

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