lunes, 15 de agosto de 2011

25km. Cabrera ultra open water. Impresiones.

Primero, quiero destacar a las personas que vi llegar del segundo grupo. Hablaré del tesón y el esfuerzo que mantuvieron toda la prueba, de las caras de alegría y de emoción. Tantos días previos a la travesía, hablando de la posible evolución de la misma, los miedos y las dudas. Las ganas. Esas personas a las que costaba entender al hablar por las horas dentro del agua, y su sal. Recibirlas así es muy grande, no paré de aplaudir, aunque me dolieran los hombros y los codos al hacerlo. No era posible hacer otra cosa, puesto que al sentir 2 horas antes esa sensación, se comparte el momento desde mucho más adentro, desde el mismísimo sufrimiento en su máxima expresión.

Quiero que todos mis amig@s, los cuales compartieron este fin de semana conmigo, se sientan completamente identificados con lo que acabo de escribir, así como con lo que ahora escribiré. Es de tod@s y para tod@s.

Hablaré ahora sobre mi, sobre esta travesía, sobre lo que supone mental y físicamente.

El día de antes de la prueba, nadé con neopreno sin mangas en las cristalinas aguas de la bahía en la que se encontraba el Hotel. (Colonia Sant Jordi), para así comprobar la temperatura del mar. A mi juicio, muy amena para nadar sin neopreno. El agua rondaría los 23 grados en las zonas más frías de la travesía, y los 27 en las zonas más calientes. Decidí entonces hacerlo "a pelo", y de ese modo hacer una travesía de esta magnitud de la forma más pura posible.

El día de la prueba comienza a ser duro desde las 03:45h cuando suena el despertador, y sigue siéndolo cuando a las 04:10h, comes sin comer, sin ganas, por aumentar reservas de energía. Durante la navegación hacia la isla de Cabrera, a parte, claro, de ir escuchando a los Sigur Ros en mi iPod, comencé a untar mi cuerpo con la mezcla de vaselina y lanolina. Una vez llegados a la isla de Cabrera, viviendo un gran ambiente en el barco pese a mi ausencia pre-carrera, nos hicieron saltar al agua al grupo de 3k. El agua, perfecta, transparente, azul, profundidad abismal, y Sa cova blava justo detrás nuestro. Nos agrupamos junto al barco de avituallamiento y al Kayac guía, y se dio la salida.

El ritmo era cómodo, había una buena agrupación y entendimiento entre los nadador@s del grupo, y no hubo problemas de líos con los cables de las boyas. Quizás era uno de los temas más hablados y temidos en los días anteriores. Habitual en mi, tuve que sacarme el gorro, ya que constantemente se me escurría de esta cabeza mía. Por lo que nadé con un bañador slip, y unas gafas. Y así seguíamos, remando y avanzando hasta que nos pararon en el primer descanso obligatorio. El juez de carrera nos dijo que teníamos que bajar el ritmo de nado, ya que avanzábamos a 3900 metros/hora. (900 por encima del ritmo de grupo). Esa fue la tónica de carrera, así, todo el rato, pues en ningún momento se bajó el ritmo. Más bien lo contrario. Uno de los nadadores canarios, portaba un reloj GPS que probablemente costara en el mercado más que yo, y nos comentó que avanzábamos a un ritmo de 4000 metros/hora, y que la corriente nos hacía una deriva muy importante, sin ayudar ni molestar, pero que si nos echaba del canal hacia Ibiza.

Este hecho, producía dos efectos en mi. El primero, me hacía sentir contento por poder mantener un ritmo así. El segundo, me hacía temer, pues en un diez mil metros sé que puedo mantener ese ritmo, (con buena mar), no siendo el mismo caso en veinticinco mil metros. Pero no había otra salida que seguir dentro del grupo, pues si por sensaciones nadabas 3000 metros/hora, y por ello te quedabas rezagado, te subían a la barca. A la fuerza había que apretar los dientes.

A mitad de travesía comenzaron a aparecer los primeros abandonos, algunos por fatiga, otros por mareo. Y como a muchos de los que allí estábamos, la cabeza en muchas ocasiones se plantea el abandono. Tienes que reestructurar constantemente esa idea. Una lucha interna constante. Piensas tantas cosas, en tantas personas, en tantos momentos, en tanto esfuerzo empleado, tanto tiempo y tantas conversaciones. Y sigues nadando y disfrutando de ese momento.

Los avituallamientos estaban bien estudiados, quizás no a mi gusto, pero si que aportaban el aporte energético necesario para aguantar la travesía. Al fin y al cabo era lo que necesitábamos. Era una imagen curiosa vernos enganchados a la boya, comiendo sandwich de nocilla empapado en agua de mar, por poner un ejemplo. Creo recordar que me comí dos sandwich, me bebí cuatro botellas de agua de medio litro y dos de coca-cola de medio litro también. Tres geles, y media barrita energética. Imagino que con tanto "mejunge" mi cuerpo decidió no querer nada más, y en el último avituallamiento tan sólo pude beber agua, pues pensar en comer otra cosa me provocaba arcadas.

Llegado el kilómetro 20 y algo, un excelente nadador mallorquín absoluto, al cual era un auténtico placer ver nadar, se vino abajo, completamente. Era el último avituallamiento, y estaba completamente mareado. Apenas hablaba pues le daban ganas de arrojar si lo hacía, y comenzó a respirar profundamente agarrado a la boya. Me quedé con él para ayudarle y dimos aviso el Kayac, y yo, a la barca para que lo recogieran. En ese transcurso, se dio la salida de nuevo al grupo, perdí entonces muchos metros y eso no era bueno, pues me quedaba solo. Cuando ya fue recogido el chico, tuve que apretar los dientes para dar alcance y remontar, y esa fue mi perdición. No sé si habéis probado hacer muchos metros a bloque después de miles de metros a la espalda, pero en mi caso, fue una explosión interna. Me vine abajo, seguir al grupo era un auténtico suplicio. Tuve la fortuna de tener la mente fuerte, segura, pero mi cuerpo había dicho basta. Veía como se distanciaban poco a poco de mi, sin poder hacer nada irremediablemente. Y pensaba en neoprenos, en flotabilidad, en comer, en beber, en apretar y cogerlos sin poder, pero sin dejar de hacerlo.

Por fortuna, a unos 500 metros de la llegada, hicieron la última parada corta y pude enlazar. Teníamos la costa muy cerca, así que ya me daba igual seguir al grupo, o no. Y nadé tranquilo hasta la playa. Punto muerto suavemente, viendo como a través de ese agua cristalina, se veía cada vez más cerca la arena del fondo. Vi los primeros peces rozando la orilla, pues toda la vista durante la travesía fue la inmensidad del fondo, el sol en cada respiración, y esos seres invertebrados, quietos, vigilando desde abajo en calma. Preciosos.

Y toqué la orilla, y después de 7h49min. dentro del agua, (6h06min. de nado), me puse en pie sobre la arena y puse los brazos en jarras. Y me giré, y miré la isla de Cabrera, allí tan lejos. Me giré de nuevo hacia la playa y había decenas y decenas de personas esperando. Y no sé explicar bien la sensación, pues a bote pronto queda eclipsada por los aplausos de los allí congregados. Cuanto se agradecen, muchas gracias. La llegada es algo para recordar, y dieron buena cuenta de ello la prensa local, incluida mi entrevista en IB3, la televisión autonómica Balear.

Gracias a tod@s. En especial a Clemente, pues ha sido el arquitecto de todo esto.


Haré una entrada especial, sin texto, sólo con fotos. Cuidaros y ser muy felices. GRACIAS.


5 comentarios:

Carlos dijo...

ENHORABUENA AMIGO.

Nacho Cembellín dijo...

Impresionante!!!!. Soy un mal nadador, pero al leerte me han entrado ganas de plantearme, quizás, nadar una travesía así.... ahora bien, no creo q nunca pudiera seguir un ritmo de 4.000 m/h. Mi mejor tiempo en un IM ha sido de 1,05 y con neopreno.

Enhorabuena, ahora disfruta de la experiencia los días q siguen. Un saludo.

io dijo...

Carlos: Gracias, has tenido muchos detalles. Un abrazo amigo.

Nacho: por lo que veo, yo tampoco, ya que a partir del km 20, ya no era persona. Nadaba por inercia para seguir al grupo. (En bici soy un absoluto gañán, pero me lo callo). Un abrazo y muchas gracias. :-)

JULIO dijo...

Muchas horas de entrenamiento y sacrificio tienen su recompensa. Enhorabuena campeon, todo un ejemplo. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Muchas felicidades campeón! Siempre he confiado en que puedes hacer grandes cosas y esto es más que grande...
Un relato inmejorable, debiste sufrir un poquito pero de eso se trata, no? de cansarse mucho ;-)jeje

Un beso en esa cara!
Jenny

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