miércoles, 2 de febrero de 2011

Mi cuerpo cayendo


Me dio por pensar en que así pensarían que era un valiente. Me daba igual meterme por las cuevas a oscuras delante de todos/as, nadar hasta la cascada del fondo, solo, sin miedo. Pero no era capaz de saltar al agua desde aquella altísima roca.

Tenía miedo a las alturas, me imaginaba cayendo, mi pequeño cuerpo cayendo y golpeando contra el agua. A esa altura tenía que doler, pensaba. Irremediablemente, el devenir del día acabó llevándonos a la roca. Todos querían saltar, algunos incluso hacer piruetas en el aire, semejante locura. Instintivamente me quedaba detrás de todos, como quien no quiere la cosa, así, pasando desapercibido.

Saltaron todos, y desde abajo me gritaban. Cuando uno es niño, a veces, no es consciente de las palabras que se dicen, de como pueden afectar. Tanto me afectaron, que me dio igual todo. Tras mirar a la multitud congregada al borde del lago, salté.

Recuerdo perfectamente el momento de ingravidez, la sensación que recorría mi estómago, la incerteza del final inminente. Pensé en el dolor, en la caída, en el agua helada. Cuando golpeé con mis pies el agua, no dolió, cuando golpeé la tierra del fondo con las rodillas, si dolió.

Recuerdo que me quedé sin respiración, como si de un balonazo de fútbol en las costillas a la hora del patio se tratara, (eso pensé en el momento). Salí a la superficie, y mis amigos aplaudían mientras subían de nuevo para seguir saltando, mientras yo, con un sonido gutural interno, trataba de coger aire. Salí como pude del agua, sangraba bastante por la rodilla izquierda, y aún hoy tengo la cicatriz de ese recuerdo. Mi madre no tardó en enterarse del salto, ya que habían bastantes conocidos de mis padres viendo tal proeza... y por raro que me pareciera, no me reprendió, solo me dijo que tuviera más cuidado. Y, ese momento, esa sensación, esas palabras de mi madre, fueron las que me quitaron el miedo, las que me impulsaron a seguir haciendo esas "locuras", con cuidado.

De eso, han pasado unos cuantos años, y la roca en cuestión, mide exactamente diez metros, por lo que locura, al menos ahora, no me lo parece tanto. A raíz de entonces he perdido la cuenta de en cuantos embolaos he estado metido, cuantas sensaciones y recuerdos vividos desde entonces, gracias a esas "locuras" cuidadosas, claro. Pero en ocasiones, esas "locuras" pasan factura, y en una de esas, en un solo mal gesto, puedes lesionarte. Así llevo dos semanas, en reposo, cuidando mi rodilla izquierda, la misma rodilla de la cicatriz, y la misma que ahora casi se queda sin ligamentos.

Quizás, cuanto más pasa el tiempo, las decisiones son más difíciles, por ello, también, comportan más riesgo. Bienvenido sea entonces. Los incentivos para hacerlos, claro está, también son distintos. Tan racionales como irracionales, tan necesarios como innecesarios. Pero que más da, si en el fondo lo que cuenta es el recuerdo, y todo lo que se haga para conseguirlo es bueno.

Hoy, después de dos semanas de inactividad, he vuelto a nadar, con miedo, pero ya estoy de nuevo dando brazadas.


Cuidaros y ser felices.

3 comentarios:

SORAYA dijo...

Tenías que haberte dedicado a narrar historias... so great..

Te animo pues a que sigas arriesgándote y "saltes" hasta alcanzar esos objetivos.

Y recuerda... be a simple kind of man...
All that you need is in your soul
And you can do this if you try
All that I want for you my son, is to be satisfied...

Muy buena la canción..

:)

el viajero del faro dijo...

Una buena historia... y una preciosa imagen!!!
Ánimo compañero!!!
Un abrazo!!

io dijo...

La vida esta, que regala buenos momentos. Entonces, así, es mucho más fácil contarlos.

Gracias a los 2. Un abrazo!

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