martes, 22 de febrero de 2011

En la tarde noche de ayer.


Este último mes ha sido el detonante para tomar la decisión de no competir en triatlón esta temporada. Ni mucho menos es motivo para entristecerme, más bien todo lo contrario. En cambio, si es motivo de alegría para muchos de mis amigos y colegas, ya que mi Nikon, y mi buen gusto, (creo) harán las delicias de los triatletas cuando en fotos vean retratado su esfuerzo en cada prueba.

La decisión, principalmente viene motivada por la dedicación en exclusiva a la preparación de las pruebas físicas de rescatador aéreo. También, cabe añadir, que mi inesperada distensión del ligamento interno de la rodilla izquierda, ha precipitado todo este acontecimiento, ya que a día de hoy, llevo justo un mes sin correr, y sin dar pedales. Ergo mi forma física de cara a los inminentes triatlones deja mucho que desear.

No en vano, dedicaré mucho más tiempo al agua, al entreno de las travesías, y al entreno de las pruebas. NO ME QUEDA OTRA.

En la tarde noche de ayer, precisamente, realizamos de nuevo prácticas de rescate con el Helimer 204. Son momentos indescriptibles, de adrenalina y estrés, del bueno, del que cuenta y suma. Cuantas más prácticas realizo, más claro tengo el objetivo, más motivado me siento, y poco a poco quiero ir ganado puntos para conseguirlo.

En la tarde de ayer, tanto a mi, como al rescatador aéreo, nos tenían medio preparada una sorpresa, ya que a la señal del operador de grúa al patrón, y a la señal del patrón hacia mi, tenía que poner en serios apuros al rescatador, (entiéndase, naufrago a la deriva en elevado estado de estrés), por sorpresa, claro. Y eso hice.

El rescatador me iba arrastrando hacia la cesta para izarme posteriormente hacia el Helimer, cuando al recibir la señal, me di la vuelta, agarré la solapa de su chaleco, y comencé a apoyarme en él. Se sumergió ligeramente, y salió, y me miró muy mal, como diciendo, ¿que haces?, y arremetí de nuevo contra él. Entonces hizo lo que todo rescatador debe hacer. Comenzó a gritarme, no sé el qué, y acto seguido inmovilizó mis brazos rápida y fuertemente, hizo que mi cuerpo girara 180º, y comenzó a tirar con más fuerza que antes hacia la cesta, dando avisos a mis bloqueados brazos en mi espalda, de lo que pasaría si seguía haciendo el gañán... (cabe decir, que no forcé la máquina, ya que no me apetecía recibir el bofetón típico en esos casos).

Ese fue uno de los tres ejercicios que realizamos, los cuales procuro guardar en mi mente paso a paso, ya que cuanta más experiencia adquiera ahora, más podré demostrar, cuando si todo va bien sea yo quien lleve el neopreno rojo, y las aletas amarillas.

(Espectacular vídeo. Muy espectacular.)


Cuidaros y ser felices.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y creeme cuando te digo, que segura estoy de verte con neopreno rojo y aletas amarillas.


Seguiremos siguiendo tus pasos, tus nados, y tus delicias con Nikon.

Ü, si eso.

Sergio García dijo...

Pues mucha suerte en el proceso y a ver qué tal va esa Nikon!

io dijo...

Ü: y te quiero creer, y lo haré. :-)

Sergio: gracias, habrá canon.

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