lunes, 28 de febrero de 2011

Se me hace raro



Se me hace raro estar parado, viendo como el resto de amigos hace vida normal, caminando normal, y saltando. Vamos, vida normal. Se me hace raro recordar que yo también, no hace mucho tiempo, hacía lo mismo, sin preocuparme por no respetar el reposo, lo hacía, y no me dolía nada. A duras penas puedo caminar, y depende de cómo, también, a duras penas puedo nadar.

Se me hace raro verme así, sentirme así. Pienso en las personas que padecen alguna lesión que les impida hacerlo de por vida. Surge en mi un respeto y un aprecio muy grande hacia ellas. De paso, si leen estas líneas, les mando ánimo.

Acercarme a la playa, sin más, a mirar desde fuera, se me hace raro también. Pensar en la tabla y en la fuerza de la ola, o en el neopreno y la fuerza de mi cuerpo cuando nado. Suena a algo de antaño, algo que yo hacía, algo que pensándolo ahora que no puedo hacerlo, me hace temer o me preocupa. Pienso que me dañaré, y si sigo pensando, hasta me duele el ligamento.

Y lucho por no ser hipocondríaco, tener la mente en el lado positivo, y procurar hacer otras cosas, que hago. Pero también pienso en quien es atleta "cómo yo", y me entiende al leer estas líneas.

Mi bici, las tablas, los neoprenos. Se me hace raro ver todo el material que usaba no hace mucho, parado sin más, acumulando polvo que quito cómo puedo, ya que no puedo agacharme.

No estoy preparado para tener una lesión por tanto tiempo. Ni yo, ni nadie, imagino.

Pese a todo, también pienso que es para bien, que es un cambio de aires, (me está yendo muy bien), y que cuando pase, que será en breve, cogeré todo con más ganas, y de paso, espero, con más cabeza. Este parón, ha provocado el replanteamiento de muchas cosas, para muy bien.

Se me hace raro, por tanto, encontrarme tan bien anímicamente, pese a que las letras que preceden a este texto indiquen lo contrario. Animarse es muy fácil, y me esperan buenos momentos en breve.

Cádiz, Gijón, Alemania, ¿China?... :-)




Cuidaros y ser felices.

martes, 22 de febrero de 2011

En la tarde noche de ayer.


Este último mes ha sido el detonante para tomar la decisión de no competir en triatlón esta temporada. Ni mucho menos es motivo para entristecerme, más bien todo lo contrario. En cambio, si es motivo de alegría para muchos de mis amigos y colegas, ya que mi Nikon, y mi buen gusto, (creo) harán las delicias de los triatletas cuando en fotos vean retratado su esfuerzo en cada prueba.

La decisión, principalmente viene motivada por la dedicación en exclusiva a la preparación de las pruebas físicas de rescatador aéreo. También, cabe añadir, que mi inesperada distensión del ligamento interno de la rodilla izquierda, ha precipitado todo este acontecimiento, ya que a día de hoy, llevo justo un mes sin correr, y sin dar pedales. Ergo mi forma física de cara a los inminentes triatlones deja mucho que desear.

No en vano, dedicaré mucho más tiempo al agua, al entreno de las travesías, y al entreno de las pruebas. NO ME QUEDA OTRA.

En la tarde noche de ayer, precisamente, realizamos de nuevo prácticas de rescate con el Helimer 204. Son momentos indescriptibles, de adrenalina y estrés, del bueno, del que cuenta y suma. Cuantas más prácticas realizo, más claro tengo el objetivo, más motivado me siento, y poco a poco quiero ir ganado puntos para conseguirlo.

En la tarde de ayer, tanto a mi, como al rescatador aéreo, nos tenían medio preparada una sorpresa, ya que a la señal del operador de grúa al patrón, y a la señal del patrón hacia mi, tenía que poner en serios apuros al rescatador, (entiéndase, naufrago a la deriva en elevado estado de estrés), por sorpresa, claro. Y eso hice.

El rescatador me iba arrastrando hacia la cesta para izarme posteriormente hacia el Helimer, cuando al recibir la señal, me di la vuelta, agarré la solapa de su chaleco, y comencé a apoyarme en él. Se sumergió ligeramente, y salió, y me miró muy mal, como diciendo, ¿que haces?, y arremetí de nuevo contra él. Entonces hizo lo que todo rescatador debe hacer. Comenzó a gritarme, no sé el qué, y acto seguido inmovilizó mis brazos rápida y fuertemente, hizo que mi cuerpo girara 180º, y comenzó a tirar con más fuerza que antes hacia la cesta, dando avisos a mis bloqueados brazos en mi espalda, de lo que pasaría si seguía haciendo el gañán... (cabe decir, que no forcé la máquina, ya que no me apetecía recibir el bofetón típico en esos casos).

Ese fue uno de los tres ejercicios que realizamos, los cuales procuro guardar en mi mente paso a paso, ya que cuanta más experiencia adquiera ahora, más podré demostrar, cuando si todo va bien sea yo quien lleve el neopreno rojo, y las aletas amarillas.

(Espectacular vídeo. Muy espectacular.)


Cuidaros y ser felices.

jueves, 17 de febrero de 2011

Forever young...


Creeré y pensaré que todos esos momentos volverán. Que sentiremos esas sensaciones únicas.

Nada importará, y todo lo hará a su vez. Solo hablaremos de sueños y esperanzas. Solo reiremos por cosas sin sentido, y sólo lloraremos por caídas con la bicicleta. No tendremos horarios ni presiones, ni compromisos. Sólo correremos por diversión, o, a lo sumo, por miedo a eso que nos sigue sin hacerlo. No entenderemos de política, ni de negociaciones monetarias. No conoceremos ni el dolor ni la guerra. No conoceremos la posible existencia real de las armas, creeremos que únicamente serán de plástico, como las que usaremos en la calle, de las que no hacen nada, sólo te eliminan del juego. Nuestra vestimenta no será símbolo de riqueza, simplemente cumplirá su función, si acaso acaba resistiendo las sesiones de juego. Cualquier árbol será nuestra guarida, cualquier casa abandonada será nuestro cuartel de juegos. Cualquier momento valdrá para ser feliz, sin necesidad de explicar por qué lo seremos. Sólo lo seremos. Aprenderemos la virtud de competir, conoceremos el valor del esfuerzo, y seguirá pese a ello siendo un juego. El amor será algo puro, algo nuevo, algo grande. No sabremos como actuar al respecto, y por ello trataremos con respeto y nervios y alegría a la persona querida. Escribiremos cartas de amor, algunas incluso perfumadas. La entregaremos con miedo, mediante algún amigo, claro. Puede que hasta besemos de nuevo por primera vez.

Lo pasaremos como críos, de nuevo. Quiero creer.



Cuidaros y ser felices.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Mi cuerpo cayendo


Me dio por pensar en que así pensarían que era un valiente. Me daba igual meterme por las cuevas a oscuras delante de todos/as, nadar hasta la cascada del fondo, solo, sin miedo. Pero no era capaz de saltar al agua desde aquella altísima roca.

Tenía miedo a las alturas, me imaginaba cayendo, mi pequeño cuerpo cayendo y golpeando contra el agua. A esa altura tenía que doler, pensaba. Irremediablemente, el devenir del día acabó llevándonos a la roca. Todos querían saltar, algunos incluso hacer piruetas en el aire, semejante locura. Instintivamente me quedaba detrás de todos, como quien no quiere la cosa, así, pasando desapercibido.

Saltaron todos, y desde abajo me gritaban. Cuando uno es niño, a veces, no es consciente de las palabras que se dicen, de como pueden afectar. Tanto me afectaron, que me dio igual todo. Tras mirar a la multitud congregada al borde del lago, salté.

Recuerdo perfectamente el momento de ingravidez, la sensación que recorría mi estómago, la incerteza del final inminente. Pensé en el dolor, en la caída, en el agua helada. Cuando golpeé con mis pies el agua, no dolió, cuando golpeé la tierra del fondo con las rodillas, si dolió.

Recuerdo que me quedé sin respiración, como si de un balonazo de fútbol en las costillas a la hora del patio se tratara, (eso pensé en el momento). Salí a la superficie, y mis amigos aplaudían mientras subían de nuevo para seguir saltando, mientras yo, con un sonido gutural interno, trataba de coger aire. Salí como pude del agua, sangraba bastante por la rodilla izquierda, y aún hoy tengo la cicatriz de ese recuerdo. Mi madre no tardó en enterarse del salto, ya que habían bastantes conocidos de mis padres viendo tal proeza... y por raro que me pareciera, no me reprendió, solo me dijo que tuviera más cuidado. Y, ese momento, esa sensación, esas palabras de mi madre, fueron las que me quitaron el miedo, las que me impulsaron a seguir haciendo esas "locuras", con cuidado.

De eso, han pasado unos cuantos años, y la roca en cuestión, mide exactamente diez metros, por lo que locura, al menos ahora, no me lo parece tanto. A raíz de entonces he perdido la cuenta de en cuantos embolaos he estado metido, cuantas sensaciones y recuerdos vividos desde entonces, gracias a esas "locuras" cuidadosas, claro. Pero en ocasiones, esas "locuras" pasan factura, y en una de esas, en un solo mal gesto, puedes lesionarte. Así llevo dos semanas, en reposo, cuidando mi rodilla izquierda, la misma rodilla de la cicatriz, y la misma que ahora casi se queda sin ligamentos.

Quizás, cuanto más pasa el tiempo, las decisiones son más difíciles, por ello, también, comportan más riesgo. Bienvenido sea entonces. Los incentivos para hacerlos, claro está, también son distintos. Tan racionales como irracionales, tan necesarios como innecesarios. Pero que más da, si en el fondo lo que cuenta es el recuerdo, y todo lo que se haga para conseguirlo es bueno.

Hoy, después de dos semanas de inactividad, he vuelto a nadar, con miedo, pero ya estoy de nuevo dando brazadas.


Cuidaros y ser felices.

Travesía vuelta a nado a Formentera Respiralia 2017

He conseguido plaza para la edición de este año. Quiero comenzar resaltando este hecho debido a que las 240 inscripciones se agotaron en ...