martes, 21 de diciembre de 2010

Sentado en mitad del comedor


Tantos momentos vividos en esta etapa relativamente corta, me dejan "embobao". Mis allegados lo notan, pero no son cansinos. Me dejan hacer y respetan mis vacíos. Este es un punto importante. Se conoce que esto funciona como una montaña rusa, y tantos momentos buenos, como malos, toca atravesar. No quisiera dar ninguna lección de moral, ha salido solo, sin más pretensión.

Hoy, sentado en el suelo del comedor de mi casa, han venido a mi mente un aluvión de recuerdos. Sobre todos, los recientes. Pensando, ahí sentado en mitad del comedor, comenzaba a dar vueltas a mi vida actual, a lo que quiero representar, y lo que quiero demostrar dentro y fuera de esas paredes. Pero sentado, y pensando, he divagado sobre la idea de trasladar lo que represento o demuestro ahí fuera, ahí dentro. Entre mis cuatro paredes.

Entre esos recuerdos recientes que han venido hoy a mi mente, recuerdo cuando tirado por el cable-guía, subía directo a la nave. En varios momentos de la ascensión, miré la altura, el azul del agua, y lo pequeña que era la zodiac a esa altura, y lo pequeño que era yo ahí colgado, entre el agua y la máquina. El zumbido de los rotores, el agua erizada de blanco espumoso... Pero también sentí lo grande, inmenso, y feliz que me sentía. Recuerdo también, cuando con la tabla de Surf, espero sentado la serie buena. Veo esa ingente masa de agua elevarme y bajarme como si nada, me eleva y me baja dentro de esa onda, dentro de ese armonioso movimiento, en ese artístico contraste de colores que regala la puesta de Sol.

Y de vuelta al suelo de mi comedor, ahí sentado, dando vueltas sin parar a esta cabeza, intento trazar una guía dentro de mi espacio, o de mi hogar, o de mi nueva casa, o de mi primera casa.
Querría hacerlo bien, querría sentirme orgulloso, y que mis seres queridos disfrutaran de ese entorno tanto o más, que io.

Es una novedad para mi, como tantas otras. Quizás esta es algo más importante, algo grande diría io. Es por ello que llevo cuatro días sin entrenar, y por ello es que estoy más cansado que si hubiera entrenado. Merece la pena.



Cuidaros y ser felices. Merece la pena.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Helimer 204, y el frío.


Hoy he vuelto a volar.

De nuevo he sentido la intensa sensación del agua fría. Me ha hecho recordar que por mucho que nos cubramos con el aura del Mar, somos algo ínfimo entre sus aguas.
Y más que emocionarme como la otra vez, sentía rabia y ganas de cambiarme el uniforme. Ganas de no parar de hacer lo que estaba haciendo, y volar y mojarme y que me duela lo que me tenga que doler si merece la pena como lo valía ese momento.

Cinco nudos tenía el viento helado, y las olas un metro. Hacían de la travesía hacia Sitges en la nueva Zodiac, algo divertido, algo recordable. Al llegar, la estampa del Helimer 204 siempre me sobrecoge. El zumbido de los rotores es espectacular, y rápidamente te colocan en situación y, en mi caso, hace que me ponga un tanto serio. Creo que la situación merece un poco de cordura.

De tres maniobras constaba la práctica, y como si de doce se hubiera tratado. Me encanta y disfruto al notar la fuerza del cable-estante cuando tira de mi con fuerza hacia el interior del helicóptero. Es único. No quería irme, ni notaba los pies por el frío, pero ese es un dolor asumible ante tal experiencia. Y lo es en todos los sentidos, desde la propia experiencia que volar y colgarte y descolgarte y nadar te aporta, hasta, sobre todo, el valor humano y la profesionalidad que los tripulantes de los diferentes Helimer demuestran. En este caso, por el Helimer 204.

Me siento muy afortunado por formar parte de estas practicas asiduamente. Me proporcionan el contacto y la experiencia que necesito para conseguir el objetivo real. Me motivan y me dan aspas para que lo intente sin cesar.


Agradecer de corazón la llamada previa que siempre recibo de Lorena, (Técnica y coordinadora de socorros y emergencias, Salvamento Marítimo).

No es mi política, pero colgaré una foto. Cuidaros y ser felices.

Lo que no controlo.

Cuando las cosas aparecen sin querer, nada puedo hacer.  Como máximo, me ocupo de lo que puedo controlar y del resto, casi, por aprendi...