lunes, 1 de febrero de 2010

17/01/2010


Muchos son los momentos en los que me quedo absorto en el pensamiento, al menos, últimamente. Por el recuerdo, o por lo que en ese preciso momento, acontece.

A decir verdad, tenía muchas ganas de volar de nuevo, quizás no esperaba volar tan lejos, pero así surgió. Desconectar será tarea más sencilla, y con este ritmo... le voy a coger demasiado pronto el gusto a todo esto.

Una cadena de acontecimientos provocó mi estancia en este viaje, ya que todo comenzó como una broma en una cena, y en lo que llevo de viaje, promete ser de lo mejor que he realizado hasta la fecha.

En contra partida, justo antes de embarcar, tenemos noticias del terrible terremoto acaecido en Haití, provocando en mi interior un cruce de sentimientos contradictorios, puesto que mi viaje se iniciaría cerca del lugar del desastre.

Ahora, y aquí, en la proa de este enorme surcador de mares, tengo ante mi una puesta de sol increíble. Su juego de colores bien podría ser digno del planeta PANDORA, y del cual, intento saborear cada segundo.

Estoy, ni tumbado, ni sentado, en una cómoda hamaca, por cierto. Ante mi, las que probablemente son las mejores vistas que he tenido en mi retina. Me incorporo un rato para ver golpear el infinito mar bajo el casco, y si, por suerte, emergiera de esa inmensidad un banco de delfines, o de atunes, o de algo que me sorprendiera, pero algo, y no aparece nada.

No deja de ser curiosa la situación, es 17 de enero, voy en bañador y chanclas, un mojito en la barandilla, y las gafas de sol en el pelo. Según me cuentan, en mi querida Barcelona a duras penas llegan a los 8 grados, y yo, soportando con gusto 31 grados.

La noche anterior resultó ser bastante dura, o no, quizás haya sido más dura la mañana. Me he despertado una hora antes de que sonara el despertador, invadido por la emoción de la situación, así como también por la brillante luz que entraba por el ventanal del camarote.

Ha sido un bonito, pero doloroso despertar. Sentado en el costado de la cama, los pies descalzos sobre la moqueta, he visto el mar, y el reflejo del sol sobre la superficie. Me he quedado absorto en el pensamiento. A su vez, atronaban tambores sobre mi cabeza. La estridente música y el alcohol ingerido la noche anterior, reaparecían en mi mente, con furia y rencor endiablado, y me hacían recordar que no bebo nunca, y que no filtro demasiado bien esa información líquida.

Aún queda bastante para llegar a puerto, concretamente, y según me cuentan, toda la tarde, y lo que espera de noche, y de este modo, acostumbrándome al balanceo del barco, (suerte tengo en este aspecto), comienzo a observar y, analizar.

Las personas que me rodean, sus nacionalidades, y el fin de cada uno/a. Irremediablemente viene a mi mente el TITANIC, y sus diferencias sociales establecidas según las plantas ocupadas por cada persona, también deduzco que en este caso, eso, no sucede.

Como io, veo a una chica. Se encuentra a unos diez metros, y escribe en un cuaderno, (no se si comenzó a escribir antes que io, o después, si pensará que la estoy copiando, o si piensa que pienso que me está copiando, pero, en el fondo, es irrelevante), viste pareo, descalza, sombrero, y boli de apariencia, cara... (lo mismo, la experiencia vivida queda mejor impresa con un boli caro. No lo probaré).

Cerca de ella, otra chica, pero tirando a señora. Piel exageradamente morena, moño perfecto, pareo tropical amarillo a juego con la piel, descalza también. En cambio, esta guarda el recuerdo directamente en la cabeza, lo único que tiene en la mano es una pipa, de color lila, y de la cual, no se emana humo alguno. Desconozco el sabor de esas pipas, o si en este caso, la chica que va tirando a señora fumaba de verdad, o lo hacía de mentira, pero una cosa si es cierta, quedaba bastante chic.

Poco más veo desde esta hamaca, pienso que más que suficiente para describir este momento de "soledad", pero de grandeza, (al menos espiritual). Se que de un momento a otro seré localizado por alguno de mis colegas, y esta paz, tendrá que ser aparcada para otro rato.

Mañana si tengo tiempo, y fuerza, lo mismo escribo.



Hoy es 17/01/2010, deben de ser cerca de las 19h, (no llevo reloj), y escribo desde algún lugar del Mar Caribe. Tampoco me preocupa, no tengo ganas de volver.

Cuidaros y ser felices.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Primero, las fotos...impresionantes...así que estando allí debías sentirte en el paraíso...como te gusta dar envidia jaja. Simplemente me alegro que la experiencia haya sido tan agradable y me gusta ver que todo esto está marcando un antes y un después en tu vida. Te mereces ser feliz y vivir! Y ya sabes, me alegro de haberte "conocido" y poder charlar contigo :) big kiss!

inimputable ;)

Anónimo dijo...

Grandes palabras escritas en un gran momento... se nota que lo has disfrutado mucho y me alegro por ello, seguro que has vuelto negro de tanto sol!! Las fotos insuperables, me quedo con la del delfin que para algo da nombre a este blog!!

Un abrazo.
Jenny

Mireia dijo...

Me has dejado sin palabras,e imaginado lo que veias a la vez que ibas escribiendo..me he visto en una hamaca y he imaginado a la chica de boli caro,a la chica que tira a señora..leyendo esto he llegado a una conclusion ...necesito hacer algo asi y que mi imaginacion vuele sentada en una hamaca mirando el infinito horizonte del mar.....besos

io dijo...

Inimputable: si yo se que todo eso es por qué nos caemos bien... Y lo bueno, repito, es que corro con Mizuno... no lo entiendo... ;-)
Un beso y gracias!!

Jenny: siempre ahí... y siempre allí, conmigo en el crucero. Una amiga como tu, siempre está en mi cabeza. gracias mi amore.

Mireia: sin palabras me dejaste a mi con tu reset... cosa que me alegra muchísimo. :-)
Tiempo tienes para hacer eso, y más. Un besazo y gracias por escribir guapa.

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