jueves, 18 de febrero de 2010

No quiero despertar nunca...



Lo curioso, es que era consciente de que en ese momento estaba dormido. Sabía que estaba dormido y soñando.

Se miró y se vio con ropas que antaño sí usaba, ya que hacía un par de años que las había descuidado por algún cajón del armario. También se miró por dentro y notó sentimientos que hacía un par de años sentía muy adentro. Sin embargo, los sentimientos, aún intentaba guardarlos en algún cajón de algún lugar en donde se guarden los sentimientos.

Sonó el timbre y sintió una punzada. Sabía quien era sin haber contestado. Sabía que se encontraba en una época ya vivida y supo, que soñando, había viajado en el tiempo unos tres años atrás. Sabía que era un sueño, pero sentía ese sueño de forma increíblemente real.

El no abrió. Abrió ella. La miró entrar. Completamente natural. Era ella después de años, pero igual que en el recuerdo, con sus gestos y su broma típica diaria al verlo. Se acercó a el y lo besó de la forma más rutinaria, de la forma en que lo hacían antes. Le explicó su día mientras comenzaba a quitarse la ropa de abrigo. Él la seguía mirando y observaba la situación, el lugar, a él mismo. Sabía que era un sueño y era tan real que se perdió.

En la vida real, en la vida de después de dormir, ya no eran pareja.

El comenzó a hablarle. Le preguntó por sus aventuras diarias y, mientras ella le explicaba, él no hacía más que escuchar y asentir. Estaba absorto. Ella lo notó raro y le preguntó. Él negaba al principio y afirmaba encontrarse genial, pero ella lo conocía mejor que él mismo y, al verse perdido, se entristeció de repente, como si todo el recuerdo, como si todo lo acaecido en la época más dura de la ruptura, reapareciera de la nada.

Ella, de la forma más natural, lo abrazó.

Insistió en el por qué de su tristeza mientras le besaba con besos de ánimo, con besos de antaño, de los que aún guardaban amor.

Él, rompió a llorar y le dijo, o le explicó, que no sabía exactamente el día, que no sabía exactamente la hora, ni cuando ocurriría, pero que sí sabía, de la forma más segura posible, que por algún motivo, en breve, ella, le dejaría.

Ella se separó repentinamente de él, con cara de asombro y sorpresa y comenzó a reñirle. Comenzó a decirle que eso sería imposible, que no sucedería. Él sabía que ya había ocurrido, que eso, era un sueño y el la abrazó y, llorando, de la forma más bonita que conocía, pidió, rogó, imploró, dijo:

No quiero despertar nunca.






viernes, 12 de febrero de 2010

Pido una tregua


Ni que decir tiene que el tiempo pasa. Pasa tan rápido que, o me siento, y analizo, o me caigo de nuevo en algo que no puedo evitar.

Tres nuevas proposiciones aparecen frente a mi, tres nuevos viajes, uno ya montado, otro medio montado, y el último, lo estoy montando. Y pienso que habrá que analizar bien las cuentas, el tiempo, la necesidad, y la compatibilidad con la inminente temporada de triatlones, que por cierto, ya acecha.

Comienza a ser un no parar, y me encanta, y me engancha. Y me engancha tanto, que igual que estoy entrenando, lo estoy haciendo sin cabeza, ya que está en otro lugar, o mejor dicho... en otros lugares. Inyectándome vida.

En estos días de frío polar, me viene a la cabeza mi último entreno de bici, hará de el como un mes y medio... en el que compartí 80 km con la gran Nuria Miró. Y por aquel entonces, creía que comenzaba con tiempo la temporada, creía que la comenzaba bien, con sensaciones duras pero buenas, con los deberes adelantados. Hoy, a la espera de volver a montar la bici, vuelve a ser una incógnita.

Independientemente, sigo con tiempo de preparar algo bueno, y mañana mismo, aunque con frío, saldré de nuevo en torno a medio día, cuando el sol, aunque eclipsado por el frío, más arrecia, dando algo más de tregua.

Por ahora, me voy a nadar, como cada día, que de eso, no pierdo la costumbre.

="364">

---
"Nacemos una vez, pues no es posible nacer dos veces, y no es posible vivir eternamente; pero tú, no siendo dueño de tu futuro, intentas postergar tu felicidad. De este modo, la vida se consume en una espera inútil, y la muerte nos sorprende sin haber podido disfrutar de la tranquilidad."
-EPICURO-


lunes, 1 de febrero de 2010

17/01/2010


Muchos son los momentos en los que me quedo absorto en el pensamiento, al menos, últimamente. Por el recuerdo, o por lo que en ese preciso momento, acontece.

A decir verdad, tenía muchas ganas de volar de nuevo, quizás no esperaba volar tan lejos, pero así surgió. Desconectar será tarea más sencilla, y con este ritmo... le voy a coger demasiado pronto el gusto a todo esto.

Una cadena de acontecimientos provocó mi estancia en este viaje, ya que todo comenzó como una broma en una cena, y en lo que llevo de viaje, promete ser de lo mejor que he realizado hasta la fecha.

En contra partida, justo antes de embarcar, tenemos noticias del terrible terremoto acaecido en Haití, provocando en mi interior un cruce de sentimientos contradictorios, puesto que mi viaje se iniciaría cerca del lugar del desastre.

Ahora, y aquí, en la proa de este enorme surcador de mares, tengo ante mi una puesta de sol increíble. Su juego de colores bien podría ser digno del planeta PANDORA, y del cual, intento saborear cada segundo.

Estoy, ni tumbado, ni sentado, en una cómoda hamaca, por cierto. Ante mi, las que probablemente son las mejores vistas que he tenido en mi retina. Me incorporo un rato para ver golpear el infinito mar bajo el casco, y si, por suerte, emergiera de esa inmensidad un banco de delfines, o de atunes, o de algo que me sorprendiera, pero algo, y no aparece nada.

No deja de ser curiosa la situación, es 17 de enero, voy en bañador y chanclas, un mojito en la barandilla, y las gafas de sol en el pelo. Según me cuentan, en mi querida Barcelona a duras penas llegan a los 8 grados, y yo, soportando con gusto 31 grados.

La noche anterior resultó ser bastante dura, o no, quizás haya sido más dura la mañana. Me he despertado una hora antes de que sonara el despertador, invadido por la emoción de la situación, así como también por la brillante luz que entraba por el ventanal del camarote.

Ha sido un bonito, pero doloroso despertar. Sentado en el costado de la cama, los pies descalzos sobre la moqueta, he visto el mar, y el reflejo del sol sobre la superficie. Me he quedado absorto en el pensamiento. A su vez, atronaban tambores sobre mi cabeza. La estridente música y el alcohol ingerido la noche anterior, reaparecían en mi mente, con furia y rencor endiablado, y me hacían recordar que no bebo nunca, y que no filtro demasiado bien esa información líquida.

Aún queda bastante para llegar a puerto, concretamente, y según me cuentan, toda la tarde, y lo que espera de noche, y de este modo, acostumbrándome al balanceo del barco, (suerte tengo en este aspecto), comienzo a observar y, analizar.

Las personas que me rodean, sus nacionalidades, y el fin de cada uno/a. Irremediablemente viene a mi mente el TITANIC, y sus diferencias sociales establecidas según las plantas ocupadas por cada persona, también deduzco que en este caso, eso, no sucede.

Como io, veo a una chica. Se encuentra a unos diez metros, y escribe en un cuaderno, (no se si comenzó a escribir antes que io, o después, si pensará que la estoy copiando, o si piensa que pienso que me está copiando, pero, en el fondo, es irrelevante), viste pareo, descalza, sombrero, y boli de apariencia, cara... (lo mismo, la experiencia vivida queda mejor impresa con un boli caro. No lo probaré).

Cerca de ella, otra chica, pero tirando a señora. Piel exageradamente morena, moño perfecto, pareo tropical amarillo a juego con la piel, descalza también. En cambio, esta guarda el recuerdo directamente en la cabeza, lo único que tiene en la mano es una pipa, de color lila, y de la cual, no se emana humo alguno. Desconozco el sabor de esas pipas, o si en este caso, la chica que va tirando a señora fumaba de verdad, o lo hacía de mentira, pero una cosa si es cierta, quedaba bastante chic.

Poco más veo desde esta hamaca, pienso que más que suficiente para describir este momento de "soledad", pero de grandeza, (al menos espiritual). Se que de un momento a otro seré localizado por alguno de mis colegas, y esta paz, tendrá que ser aparcada para otro rato.

Mañana si tengo tiempo, y fuerza, lo mismo escribo.



Hoy es 17/01/2010, deben de ser cerca de las 19h, (no llevo reloj), y escribo desde algún lugar del Mar Caribe. Tampoco me preocupa, no tengo ganas de volver.

Cuidaros y ser felices.

Lo que no controlo.

Cuando las cosas aparecen sin querer, nada puedo hacer.  Como máximo, me ocupo de lo que puedo controlar y del resto, casi, por aprendi...