lunes, 16 de noviembre de 2009

Me dejo llevar por ese extraño impulso...


Que azul y cristalina era el agua, y que blanca la arena, y que grises y lisas las rocas, en esa cala de ensueño.

Recuerdo cuando estaba tumbado en la arena, y con el sombrero tapándome la cara de los rayos del sol. Para variar, me quedé traspuesto a los segundos de tumbarme, y para variar, me puse nervioso a los segundos de haberme quedado traspuesto.

Me incorporé con los codos y me quedé ni tumbado ni sentado, por lo que en un acto reflejo de protección sobre mis lumbares, opté por ponerme de pie. Y al hacerlo vi dos cosas claras... quizás me fijé más en una, pero la otra era clara también.

-Por un lado me di cuenta que en mi estado de letargo, y sin darme cuenta, se asentaron a nuestro lado un grupo de entorno a 9 chicas... o más bien súper chicas...
-Por el otro, hacía rato que había planeado una ruta de nado entre las rocas que teníamos frente a nosotros, y por donde precisamente vi nadar a un chico en ese instante.

Opté por no utilizar la famosa técnica del buitre, y me acerqué a la orilla justo hasta donde mis tobillos quedaban cubiertos por lo que a mi parecer, tras dormitar un rato bajo el sol... eran las gélidas aguas del Ártico.

Y en ese trocito de Ártico, esperé al nadador que había copiado mi pensamiento... pero no se lo eché en cara... y al parecer me intuyó, o me distinguió del resto, ya que al llegar a mi altura, me dijo directamente que si nadaba llevara gafas, porque habían unas cuantas medusas de esas que dan calambre, no de las que pican, de las que dan calambre...

Así que tras el interrogatorio deportivo que solo los sadomasoquistas sabemos hacernos, me quité el pantalón, me quedé en bañador, y cogí las gafas por si me daba un calambrazo. Que lo viera antes al menos...

La verdad es que de los 365 días que tiene el año, calculo que solo 2 días podría estar quieto sin más en la arena de la playa... viendo como el sol va despidiéndose sin más, y viendo como ese paraíso terrenal que teníamos a nuestro alcance, pasaba a ser oscuro sin más interacción, sin ser explorado ni fotografiado. Eso no se hace así.

Me bajé el bañador a mi gusto, y me tiré de cabeza mirando directamente al frente... y es que el nadador gaditano me metió el miedo en el cuerpo con los pequeños bichos gelatinosos eléctricos, y preferí si eso, mirar un poquito adelante.

Nadar es como volar, ingravidez y desplazamiento sin fricción... (bueno, si que la hay, pero menos). Y nadar en vacaciones, solo para desplazarte sin más, sin presión, solo por sentir el esfuerzo justo, es una de las cosas más grandes que existen.

Eres tu, el agua, y lo ajeno en su medio.

Llevaba como unos 25 minutos disfrutando del nado en solitario, y aún no me había cruzado con ninguna lámpara con luz, en cambio, si con infinidad de peces, que no me preguntéis porque, tienen tendencia a ir a los pies... y yo tengo un 47 de pie. En mi familia soy un tanto raro. El pie más cercano es un 43, y el más lejano un 13. Total, que al pararme a ver como los peces plateados hurgaban mis pies, me dio también por mirar la costa, y observar que tras el acantilado que tenía frente a la playa donde dormitaba hacía unos 35 minutos, se encontraba un micropuerto de pequeñas embarcaciones de pescadores locales, imagino.

Pero me quedé quieto, flotando y mirando, era increíblemente bonito, de postal, pero en secreto, mi secreto, como el anillo.

Así que puestos en faena, nadé de vuelta más rápido, y seguí sin ver ningún pequeño artefacto electrónico gelatinoso, pero si que tenía el miedo que me había metido el gaditano.

Salí del agua, llegué a por mi pantalón, y vi que las súper chicas me miraban, todas, y lo típico... ya no sabes donde mirar... y tus amigos/as duermen, así que generalmente se opta por hacerse el longui, ponerse el pantalón, y caminar lo mejor que sepas en dirección opuesta a las chicas, justo hacia donde habías pensado ir hace un rato en el agua, pero, arrepentido por no quedarte en la arena junto a las heroínas... hombres...

Cual Kunta Kinte, inicié mi marcha descalzo por las planas rocas hacia ese micropuerto que tanta gracia me había hecho, y del que un bonito reportaje quería hacer.

Y al llegar me senté, y me quedé quieto, sin más, observando lo que veía.

Había nadado de ida y de vuelta, había pasado vergüenza delante de un manojo de súper chicas, había caminado descalzo como Kunta Kinte por la arena y las rocas, había escalado 8 o 10 peñascos no muy difíciles, pero si lo suficientemente altos como para que se salten las lágrimas al golpear fuertemente el suelo con las tibias... Valió la pena. Sin duda.

Ese momento si era para quedarse quieto sin más, fotografiando, sin hablar, pero pestañear si... porque si no pican los ojos...

Y que bonito es recordar, y que encima sea gratis.

- Espiritualismo:


Llevo días sentado en el borde de la piscina valorando si es correcto. Incluso ahora, quizás forzado por la circunstancia de mi hombro, estiro durante unos 10 minutos... antes de lanzarme al agua.

Cuidaros y ser felices.




6 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay nada mejor como echar la vista atràs y disfrutar de las experiencias vividas... Bonito dia para recordar y bonita canción!

Cuidate mucho! JNY

delfín dijo...

Sin duda, es lo que se debería hacer, y tu lo sabes hacer genial también.
Un beso campanilla.

PROLL (hijo de PRO y TROLL) dijo...

muy guapo el relato y el video!!!

delfín dijo...

Gracias por lo primero, y lo segundo es algo espiritual...
Increible!
Un saludo friend!

Anónimo dijo...

no esta mál tus istorietas,pero creo que en la vida hay cosas mas importantes y nuevas experiencias que todabia no las has vivido.

delfín dijo...

"Mál"?, "Istorietas"?, Cosas más importantes?, nuevas experiencias?, "todaBia"?... no tiene desperdicio el comentario, y lo bueno es por que se por donde va.

Travesía vuelta a nado a Formentera Respiralia 2017

He conseguido plaza para la edición de este año. Quiero comenzar resaltando este hecho debido a que las 240 inscripciones se agotaron en ...