martes, 5 de agosto de 2008

A solas con el mar y su amigo el islote solitario

Cuando se adentró en la orilla y observó aquel mar tan revuelto, tenía serias dudas de poder salir de vuelta a la orilla.
Se sentía bien y motivado, pero el temor el embargaba...
Se ajustó las gafas se bajó el bañador a su gusto y comenzó a correr saltando las olas hacia aquel horizonte inalcanzable.
Al sumergir la cabeza en el agua no observó nada, todo estaba revuelto y notaba como la arenilla mezclada con el agua espumosa golpeaba la piel de su cara.
El siguió avanzando asemejándose a los grandes ballenatos cuando sacan todo su escultural cuerpo realizando ese precioso salto retratado en tantas ocasiones por los reporteros de National Geographic...
Las olas lo desorientaban, ya que le impedían ver las boyas que le indicaban el primer camino a seguir. Esas aliadas que ayudan a no perderse en ese abismo móvil que se asemejaba a la peor montaña rusa jamás creada.
Cuando ya no le ardían los hombros de la primera batalla con las olas, y las pulsaciones bajaron de 190ppm, pudo concentrarse en nadar y avanzar, quería ver el fondo, al menos creer que lo había, ya que la vista se le perdía en una oscuridad angustiante...y en esta ocasión no habían pies a los que seguir, ni agua pataleada que nadar...el rompía el agua, se concentraba y guiaba a un grupo imaginario de ansiosos nadadores GULAS que chupaban rueda.
Cuando la costa era una broma, algo remoto en el pasado, dejó de nadar sin más, respiraba aceleradamente pero de forma controlada, así que decidió relajarse y olvidarse de su competición imaginaria, puso el cuerpo mirando hacia el cielo y extendió los brazos hacia los lados...en su posición, en la posición del hombre que más admiraba de todos los libros que había leído...y le pidió fuerzas, no era del todo creyente, pero se las pidió.
Cuando se cansó de estar quieto y le dio un poco de miedo estar de espaldas al fondo del mar, continuó nadando. Al hacerlo pasó justo al lado de un enorme yate, en la cubierta del cual se encontraba una pareja que con tan solo la mirada de la respiración, le dio tiempo a observar que debían ser tan adinerados como la duquesa de alba...El chico del yate le saludo y ella también le asintió...el hizo un amago de saludo y siguió nadando.
Su objetivo ya estaba muy cerca, las primeras boyas que guiaron los primeros metros ya ni se veían, y si lo hacían era de forma diminuta por lo que decidió no volver a mirarlas para no hacerse una pelicula...
Antes de llegar a la costa que tubo frente a el cuando estaba sentado en la orilla inicial, paró y observó que ya estaba muy cerca, por lo que apretó el ritmo hasta casi el 100%...no entendía exactamente por qué, pero se recordó a cuando era un niño de 10años que cuando iba por la calle tranquilo, sin más, comenzaba a correr al máximo saltando de la acera a la carretera y creyéndose desde un gran atleta hasta son gokuh en busca de las bolas de drac...
Se sorprendió por las corrientes de agua fría que encontró justo antes de tocar las piedras del suelo que daban acceso al pequeño islote al cual había llegado...siempre la habían atraído los habitantes marinos, pero le daba mucho respeto pisar esas rocas descalzo entre tanta fauna marina...pero lo hizo.
Por fin tocó la arena de tierra firme, se dio la vuelta, se quitó las gafas he imaginó la marca de las gafas tipo David Meca en la cara. Las amarró en su nuevo bañador boxer que no le molestó en absoluto en el nado, y se tumbó en la arena mirando al cielo en la posición del hombre que más admiraba de todos los libros que había leído...solo que ahora no le pidió fuerzas, ya que no quería abusar de la confianza...
Tras unos largos minutos tumbado, se levantó y recorrió el pequeño islote...y si antes se recordó a un niño de 10 años saltando y corriendo, ahora se veía como "El Principito de Antoine Saint-Exupéry" en su pequeño planeta, pero en su caso...sin árbol que cuidar, ya que la planta más alta en aquel pequeño islote no ascendía mas de 50 centímetros.
Era casi la puesta de sol y fue un momento mágico, ya que la estampa era preciosa, no había obstáculo entre el sol y el mar, y un aluvión de recuerdos le vinieron repentinamente al corazón, así que no tubo más remedio que sentarse y asimilar el momento, reconduciendo las alegrías y los dolores repentinos para hacer de aquel momento...algo absolutamente memorable...
Se levantó, se tocó la cabeza y secó los ojos, volvió a la arena, se puso las gafas, se bajó el bañador a su gusto, cogió aire...y desde una roca alta, salto de cabeza al agua para iniciar la vuelta a la playa inicial...esta vez, sin miedo.

Gracias por este verano.



Fdo: David Tripiana

1 comentario:

Vanessa dijo...

precioso relato, una lucha personal... que al final triunfa. No puede ser de otra forma. No espero menos.

Un besito muy gordo.

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